Desde 1519 cuando surgiera como un pequeño asentamiento en la desembocadura del antiguo rÃo Mayabeque, la Villa de San Cristóbal de la Habana siempre ha sido casa para la creación artÃstica, publica la Revista Garbos.
Diversas son las manifestaciones del arte que vuelven icónica a una ciudad detenida en el tiempo. Una de ellas, por suerte, la orfebrerÃa.
El Laboratorio de OrfebrerÃa de Cuba, un grupo representativo de este arte en la ciudad, realizó el evento-homenaje La Habana 500, una joya. La sede del proyecto, en el Palacio del Marqués de Arcos, fue el espacio desde el cual se le regaló a la villa una muestra de obras refinadas en celebración del medio milenio.
Un total de dieciséis piezas de más de cuarenta que respondieron a la convocatoria de la exposición, fueron seleccionadas para contar a través de este arte historias habaneras.
Con este fin, y apoyados en ilustraciones de Agnes Fong, las obras buscan identificar los sitios más representativos de la ciudad, detalles identificativos, sensaciones, edificios, estados de ánimo.
El coordinador de la exposición, Jorge Gil, explicó que «esta muestra busca rescatar una honorable labor olvidada en el tiempo, y convocar a un grupo de artistas talentosos, no solo orfebres, a sumar fuerzas para darle a La Habana nuestro mejor obsequio».
MayelÃn Guevara, una de las invitadas, comentó a Garbos que con esta exposición se trata de concientizar a la gente de la riqueza y el patrimonio que posee La Habana. La artista presentó dos broches de plata y acrÃlico.
El talento joven de la orfebrerÃa cubana también estuvo presente con Leonardo Milá de solo veinte años, quien presentó una pulsera escultórica de plata, cobre y lata, la cual constituye un recorrido por los sitios más emblemáticos del Paseo del Prado, contado a través de una espiral representativa de la evolución arquitectónica de La Habana.
Dentro de este grupo de artistas está Héctor Montaner. El creador presentó un dije, representativo de un clavo de hierro utilizado en la construcción del Convento de San Francisco de AsÃs, al cual se le añade una perla como elemento decorativo para simbolizar que a pesar de la antigüedad y los pesares, La Habana sigue siendo la ciudad maravilla de Cuba.
Como la capital es una amalgama diversa de múltiples nacionalidades, Maykel Torre Menéndez realizó un broche de plata, oro, cobre latón y ébano, identitario del trazado urbano del centro histórica habanero.
Torre Menéndez resaltó con su obra la influencia de todas las culturas foráneas para formar la mezcla cosmopolita que identifica al habanero.
El arte de la orfebrerÃa en la capital parece no morir. Los exponentes de esta expresión artÃstica le regalan a La Habana sus joyas para que en su aniversario 500 luzca rejuvenecida como nunca antes en su historia. (LHS)















