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Para los cubanos, la llegada de un nuevo año es razón suficiente para celebrar. 

La victoria del primero de enero de 1959 y el inicio de una etapa de transformaciones, pusieron fin a un sistema favorecedor de élites políticas y económicas a fin de comenzar a crear un país abocado al beneficio de la mayoría de la población.

Somos millones de hombres y mujeres, jóvenes y veteranos, todas las razas.   

Este pueblo extraordinario y diverso, es fruto de una cultura y una conciencia política forjada y acumulada durante años.

Esta conciencia colectiva fue salvadora y definitiva durante los crudos momentos del periodo especial, y sigue siendo esencial para estos tiempos de actualización y búsquedas.

Los intentos de seducción, el discurso ahistórico y suave, los artificios y el deslumbramiento han enganchado a unos cuantos.

Los sacrificios que ha implicado la gesta revolucionaria, nuestros errores, la debilidad de espíritu, ha alejado a otros. Pero la inmensa mayoría sigue de este lado de la Historia.

Nuestro reto mayor está en convertir cada día esa mayoría política en fuerza ideológica consciente y capaz para la batalla; en fuerza económica dinámica y pujante para el desarrollo.

La Revolución Cubana luego de múltiples vicisitudes, reveses temporales y de una ofensiva final indetenible demostró fehacientemente la viabilidad real del proyecto histórico concebido y llevado a la práctica por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.

El líder histórico de la Revolución cubana alertó acerca de los peligros que acechaban a la humanidad, y llamó a los países desarrollados a ocupar su lugar como protectores de ésta, y no como sus más encarnizados detractores.

Desde su estatura de pensador universal, llamó a la sensibilidad, a la unión, y al compromiso de cada ser humano con quienes le rodean.

Su propio concepto de Revolución es la materialización de los ideales que promulgaba.

La estrategia y táctica, los métodos de lucha y el programa enarbolado en “La Historia Me Absolverá”, en el juicio efectuado el 16 de octubre del propio año 1953, en el cual Fidel se defendió a sí mismo y a sus compañeros ante el régimen de facto y donde expuso el Programa del Moncada, fueron coronados por el éxito.

La trascendencia de la Revolución Cubana fue y sigue siendo un hecho indiscutible.

Ella signó, con inusitada nueva fuerza, el curso de la historia del movimiento revolucionario mundial del hemisferio occidental y, en especial, de la historia latinoamericana y caribeña.

Estaremos mirando al futuro desde una óptica colectiva y comprometida.

El arma  principal de Cuba es su memoria histórica.

Recordemos a Fidel cuando dijo “emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible”.

Es una gran suerte que la Revolución tenga en sus cimientos tanta entrega, pureza, tanto soñar y audacia.

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