Mayabeque, Cuba: Desde la enseñanza primaria el nombre de Máximo Gómez comienza a hacerse familiar para los estudiantes. Del dominicano-cubano nos enseñaron sus hazañas militares, la grandeza como líder, la autoridad y rectitud con que ejercía el mando.
Desde 1868 a 1898 tuvimos el privilegio de contar con el Generalísimo. Otros líderes mambises como Martí y Maceo lo conocieron a plenitud y conocieron de sus posiciones en cada momento de la guerra contra la metrópoli española.
Su forma y actitud forman parte de la herencia que le dejaron sus padres tan honorables como virtuosos. Gómez conoció de limitaciones y carencias en el humilde y sano ambiente donde se crió. Nunca dudó en incorporarse a la lucha ante las amenazas que recibía su país natal, República Dominicana.
Su forma de ser y actuar estaba en correspondencia con la disciplina y el orden. Los ejércitos de la revolución, dijo Máximo Gómez “tienen que crear la patria con las manos limpias porque el ideal de libertad es puro y noble”.
Nadie dudó de su valentía, de su fuerza, de sus decisiones, su autoridad entre los mambises era notable y ello le permitió ser parte imprescindible de la historia política y militar de este archipiélago. Aquel internacionalismo del patriota dominicano es cimiente para la defensa de los principios que hoy realzan al pueblo cubano.
Conmemoramos el aniversario 183 de su natalicio. Aún en fotos sus ojos tienen tanto de humildad como de firmeza, quizás por eso el periodista estadounidense Grover Flint dijo “la mirada de Máximo Gómez “golpea como un puño” cuando se fija en los hombres”.(adm)


