Mayabeque Cuba: Esta es la historia de un infante y su profesor en una escuela de Madruga, Una relación que supera las barreras del tiempo, porque cuando se educa con amor se desea el bien, la felicidad. A veces debemos hablar en susurros, sin gritos, sin prepotencia ni pedantería. Con humildad y delicado afecto.
Siempre podemos hacer que el mundo sea un poco más pequeño, a la medida de los estudiantes, sobre todo si pertenecen a la enseñanza especial. Porque a veces, para ayudar a crecer, hay que buscar en la diferencia el acto de enseñar que es el mismo de amar.
Un maestro en presencia de un alumno con cualquier limitación a de conocer cómo ponerse a la altura del infante, solo entonces será recompensado.(adm)


