Mayabeque, Cuba: Amelia Gutiérrez González tiene 101 años. Más de un siglo de vida le ha proporcionado satisfacciones que muchos pudieran catalogar como secretos para una existencia plena.“Feliz porque llegué a 101 y contenta, yo llevé una vida muy buena, tuve un novio nada más, me casé, el único marido que tuve, muy feliz”.
Como ama de casa se ocupó de realizar labores de lavandería particular.
“Yo lo que hice fue lavar para fuera porque mi hijo estaba en el servicio militar y tenía que darle algo, no. Cuando terminó que empezó a trabajar en los ómnibus, ni un lavandero más aquí”.
Amelia es una mujer anciana que a sus 101 años gusta de conversar, bailar, reconoce a su familia, y amigos, no usa espejuelos para leer o realizar otra actividad, es entusiasta y se siente enamorada de la vida.
“Desde que tenía 10 años yo estaba bailando todos los sábados porque mi papá era recto y nos llevaba, cada vez que siento la música bailo sola”.
Y además del baile ¿qué otras preferencias usted tiene?
“Estar en mi casa, tener salud, yo he comido muy bien, por eso creo que llegué a 101, teníamos un chiquero con dos cochinos, uno para la casa y otro para los vecinos, yo tenía una meseta y debajo de esa meseta habían dos latas de manteca, una con masas y la otra con chicharrones, tenía una cría de pollos y de gallinas tremenda, guanajos, guineos, todo eso”.
Ni los ojos ni el corazón de Amelia envejecen, el amor toca su alma y nos dice, “estoy contenta, entonces una me dio un consejo, me dijo, no dejes el amor”.
Periodista: ¿Cómo es su carácter?
Amelia: “Por eso creo que llegué a 100, yo soy amiga de todo el mundo”.
Per: Porque sabe guardar secretos también?
Ame: “Yo se guardarlos, cómo no, me puedes decir un secreto que nadie se lo sabe”.
Per: ¿Cuántas amigas ha tenido Amelia?
Ame: “ayyyyy mi´ja, no se pueden contar porque todas son amigas mías”.
Per: Y ¿por qué Haydeé es tu amiga especial?
Ame: “Porque desde que yo la vi fuimos amigas verdaderas y yo la quiero, la queremos mucho porque ella es muy buena conmigo, feliz, muy feliz con mi amiga y creo que sea feliz hasta que Dios me quite de adelante”.
En la casa de abuelos de Madruga transcurre ahora la vida de esta mujer matancera que desde hace algún tiempo reside en Mayabeque. Amelia acoge la vejez como lo natural que es, un proceso que llega pero no la limita a pesar del paso de los años. (adm)


