Mayabeque, Cuba: Era el amanecer del 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua, en el oriente cubano, el abogado Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo, en medio de un puñado de hombres y esclavos, daba lectura al manifiesto que selló la determinación independentista: “Cuando un pueblo llega al extremo de degradación y miseria en que nosotros nos vemos, nadie puede reprobarle que eche mano a las armas para salir de un estado tan lleno de oprobio.
”Al siguiente día de su alzamiento en armas, aprovechó la noche para atacar con su reducido ejército a la guarnición española en el poblado de Yara.
Pero los resultados no fueron los esperados. Los atacantes desconocían que los españoles habían recibido un considerable refuerzo en hombres. Tuvieron que dispersarse en varias direcciones.
Céspedes logró reagrupar a un grupo de combatientes. En medio de esa difícil situación, alguien exclamó con desaliento; “Todo se ha perdido”, a lo que contestó con energía y seguridad: “aún quedamos doce hombres; bastan para hacer la independencia de Cuba”.
La revolución avanza. Se levantan en armas en el Camagüey y en Las Villas. Los representantes de estos dos territorios y el de Oriente, se reúnen en la ciudad de Guáimaro, donde la Asamblea Constituyente lo elige Presidente de la República en Armas.
Supo de la conjura que se tramaba para sustituirlo de la presidencia y como hombre de honor, sacrificó sus ideas para mantener la unidad que el momento requería.
El 27 de octubre de 1873, en el campamento de Bijagual, fue depuesto como presidente por los representantes de la Cámara.
Aquel acto fue fruto de rencillas, rivalidades y choque de intereses.
Entonces lo obligaron a acompañar al nuevo gobierno y a la Cámara durante dos meses. Le negaron su salida al exterior. Lo desterraron a la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra.
Querían doblegar al noble patriota que declaró traidor a todo el que entrara en negociaciones con los españoles. Y no lo lograron.
Recordemos que cuando el Capitán General de la Isla, Caballero de Rodas le envió un mensaje comunicándole que su hijo menor Oscar había sido capturado y condenado a muerte. Le proponía la vida de su hijo mediante un arreglo personal.
La respuesta de Céspedes fue tajante: “Oscar no es mi único hijo, soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución”.
Pero aquella heroica gesta protagonizada por Carlos Manuel de Céspedes y que duró 10 años, sirvió de inspiración a José Martí, el Héroe Nacional Cubano, para aunar las voluntades de los viejos y nuevos patriotas en la Guerra de Independencia de 1895. Los revolucionarios de la década del 30, en la República neocolonial, se sintieron herederos de aquellos iniciadores.
Como escribió el doctor Eusebio Leal“…era necesario el 10 de octubre de 1868, como lo fue el 24 de febrero de 1895 y el primero de enero de 1959”.
La Revolución Cubana marcha con pasos firmes a más de 150 años de la fecha fundacional.(adm)


