María tiene 50 años, descubrí en ella una mujer que no conoce del cansancio, años atrás cumplía su jornada de labor y llegaba a la casa a hacer de todo, cocinar, lavar, planchar y cuánto era necesario en el hogar, atender a sus dos hijos pequeños también formaba parte del reto. A ellos, a pesar del esfuerzo y el cansancio, nunca les faltó el cariño materno. Pero la vida cambia y los hijos crecen, fue entonces, que mi vecina decidió convertirse en trabajadora por cuenta propia.


