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Es uno de los exponentes más singulares de la plástica cubana contemporánea. Ideó un cosmos que lo identifica entre la vastedad creativa de la pintura insular: Vicente Hernández arma sus  fabulaciones con el imaginario de su pueblo natal: Batabanó.

Perenne insatisfecho, posee una asombrosa  soltura para explorar en el plano conceptual otras aristas de la realidad. Su trabajo, caracterizado por  reflejar un entorno marcado por “la maldición del agua”, abarca también códigos universales, desde una perspectiva acuciosa de la sociedad.

“La iconografía local sigue siendo el personaje protagónico de mi obra, lo que, hasta ahora, el entorno se enmarcaba en un Batabanó aislado del mundo,  después lo integré dentro de una gran ciudad y aparecen los grandes contrastes…”

Sin apabullarse ante las modas, Vicente asume un reservorio de tendencias que sabe interconectar de manera auténtica. En su pintura está el encanto de un entorno que para el ojo común pasa intrascendente, pero que él sabe entresacar de la leyenda  y hacerlo verosímil.

“Mi obra es muy narrativa… siempre me ha apasionado esa mezcla de mundos absurdos y reales”.

 Es una introspección en un ambiente, a veces fantasmagórico, donde coexisten atemporalmente viejas edificaciones, evocadoras del derrumbe,  zepelines, artilugios, barcos que levitan, el viento arremolinado de una  isla surcada por tormentas, símbolos que trascienden el microcosmos  local para aunarse en un corpus creativo  de sensible resonancia.

 “Lo más importante del artista es que tiene que tener un compromiso de tipo histórico y social con su tiempo, uno no puede pasar inadvertido, como un simple fabulador, hay que seguir adelante con un pensamiento de confrontación, para evolucionar y dar soluciones a problemas presentes…”

Sin embargo, esos trillos que lo han llevado a experimentar conceptualmente nunca se detienen. “A partir de los mismos discursos anteriores que la gente ya conoce, he querido acercarme a la experimentación expresionista, una obra más crítica, más de confrontación al pensamiento del espectador, que no sea tan contemplativa, menos hedonista, hablar de los cambios contemporáneos, los que están sucediendo, los que deben suceder…

Esa búsqueda insaciable en los misterios de la expresión plástica hace de Vicente Hernández un creador de envidiable rotundez, siempre con una puerta abierta hacia lo insondable. (BSH)

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Categoría: Gente de mi pueblo
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