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El ruido ensordecedor de la garlopa y la penumbra del lugar parecen no alterarle. Se mueve con habilidad en un enmarañado espacio donde conviven tarecos, cables eléctricos y extraños instrumentos.

Enciende la sierra, toma un listón, lo corta hábil como si pudiera medir con la mirada el espesor de la madera y pasa rasante la mano junto a la filosa rueda.

Así, Tony, el carpintero ciego, reta las sombras y da, a sus 84 años, una terca lección de osadía.

“Yo aquí hago de todo, menos cajas de muertos”, dice y me sonríe. Justo en la esquina de 76 y Medio, un bullicioso barrio de Güines, vive José Antonio Gil, invidente desde muy joven por un accidente doméstico.

“Un buen día, para matar el aburrimiento, cogí un cepillito viejo que tenía ahí y un serrucho de mi hermano, me puse y empecé a hacer juguetes, después un sillón, como ese en el que está usted sentado y así empezó mi historia”.

Todo lo hace de memoria, al tacto, ha creado sus propios instrumentos, en un oficio donde la exactitud de las medidas resulta imprescindible y los errores cuestan caro; sin embargo “yo no le tengo miedo a los equipos” asegura, “mira, ven para que veas este mueble que acabo de terminar…” Tantea en el aire con su mano en busca de la mía hasta ponerla sobre un estante oloroso aún a resina. “¿Qué te parece?”.

Tony fue antes bodeguero, su destreza para manejar el dinero era asombrosa, jamás se equivocó al dar el vuelto y podía identificar la nominación de los billetes y el monto de cada moneda sin errar.

“Aquí vino un señor que quería hacer un juego de cuarto, alguien lo mandó, entonces me pregunta qué tiempo me demoraría y yo le digo, bueno, eso depende, porque como yo soy ciego…y el hombre salta y dice ¿cómo que usted es ciego? y ¿cómo es eso? Y yo le dije bueno, yo no sé cómo es, pero es así. Entonces me pidió que le mostrara algo de lo que había hecho, y lo llevé a la casa de una vecina que tenía varios muebles confeccionados por mí. Cuando los vio solo pudo decirme: si usted hizo eso, métale mano”.

El olor a serrín invade todo, una maraña de cables cuelga y se pierde entre los rincones “la palabra ciego es bastante difícil”, me dice Tony y se aleja al fondo de la carpintería, como si la oscuridad no existiera, fuera solo un invento, una broma sin importancia que le jugó la vida. (BSH)

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Categoría: Gente de mi pueblo
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