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“Siempre quise ser médico, me contaron que expresé ese deseo cuando llegué al preescolar, en la escuela Orlando Pardo, en el asentamiento San Felipe, de la mano de quien fuera mi padrino Bernardo”.

Es, el Doctor Reinaldo Ramos Miranda, desde hace tiempo aquí Reynaldito, el clínico.

Hace poco supo del tanto amor que le profesan pacientes, familiares, colegas, dirigentes, sobre todo de su sector, amigos y hasta desconocidos para él.

Ocurrió después del que pareciera un insignificante accidente de tránsito. Dos días más tarde, ya estaba operado. Lo que simulaba una apendicitis o pancreatitis resultó desgarramiento de un vaso sanguíneo en la región abdominal. Su gravedad fue inmediata.

Gratitud de un pueblo

Resultaron días difíciles. En Quivicán y otros territorios, hasta en el exterior, las personas estuvieron pendientes. Como nunca antes se estableció una cadena de comunicación alentadora, confiada en la medicina cubana y en la fe.

“Yo sabía que muchos me querían, pero nunca Imaginé que fuera a esta envergadura. Quiero agradecer a todos sus horas de desvelo, su apoyo”, expresa el galeno.

Un brillo diferente cobraron sus ojos: “Todo lo que pasó me compromete aún más. Lo agradeceré eternamente”.

“Nunca me sentí sola”, asegura Isabel Miranda, madre de Rey, “todo el mundo lo protegía”.

María Ribó, asistensiada en la casa de abuelos: ”Es un excelente ser humano, lo máximo”.

Edilma Velásquez, trabajadora de la relojería Las Manecillas: “Buen médico, tratable, maravilloso”.

Doctora. Brisaida Rodríguez, Vicedirectora de Higiene: ”Fue mi profesor, es un hombre extraordinario”, similar opinión tuvo la Licenciada Nilda González Méndez, quien destacó además su inteligencia y preparación, como lo hizo el Doctor. Lázaro Pérez, Director municipal de salud pública.

Realización

A sus 48 años de edad, este hombre, un ídolo en el territorio se siente complacido en la vida.

En la actualidad cursa una maestría en atención primaria de salud. Se graduó como especialista en Medicina General Integral, y en medicina interna, e hizo un diplomado en terapia intensiva. Y se adueña de él la modestia, la sencillez…

Reinaldito, es uno de esos médicos que como reza el proverbio donde pone el ojo…

“Me apasionó la clínica porque es una especialidad muy completa, de la que se derivan otras, el secreto está en hacer un buen diagnóstico, del que procede un favorable tratamiento, así nos decían siempre los profesores”.

“Es importante el examen físico, conversar con el paciente, a veces hasta un gesto en su cara te da una información”, agrega.

La sensibilidad, superación profesional y la investigación constituyen constantes en quien además, siente el dolor ajeno como suyo.

Mantiene cuatro consultas semanales, siempre colmadas, atiende aún cuando la fatiga por tanto hacer indica un alto en el camino.

Como respuesta a lo que ofrece, cuando se incorpore debe limitarse el número de pacientes a ver cada día y también contribuir a que disfrute más de la paz hogareña junto a su esposa Odalis Licenciada en enfermería en el Policlínico Pablo Noriega con su apoyo incondicional y el de sus hijos.

Ahora el pueblo sabe que se le debe cuidar más. Lo aprendió cuando casi lo pierde.

Yo tampoco debo abusar de su tiempo, quiero al Igual que los demás, su favorable recuperación, prolongada por demás.

Y volverá a ir de aquí para allá en su bicicleta o a pie. Se verá sentado en un banquito hablando con gente común y adorará volver de pesquería.

La escritora quivicanera Nuris Quintero resume:

Como el Mesías que arranca la enfermedad y la duda el pueblo todo en ayuda honrada tu bata blanca.

La calle 20 fue banca en la luz de un solo canto, se llenó de verde el manto humano. Y por lo gentil…

¡Quivicán era candil Para venerar su santo!

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Categoría: Crónicas, reportajes y entrevistas
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