Mayabeque, Cuba - Dicen que aquel día del 11 de febrero de 1958 la ciudad de Güines se llenó de flores y banderas cubanas. El pueblo daba el último adiós a una joven que más allá del confort hogareño, se negó a ver con mirada contemplativa los desmanes del gobierno de Fulgencio Batista.
Fue en año de rebeldía, las cimientes de la Patria se estremecían ante la irrenunciable decisión de los cubanos de reconquistar la independencia que antes, en la etapa mambisa, nos habían arrebatado. Los jóvenes protagonizaban la epopeya, entre ellos Aleida Fernández Chardiet.
Como operadora de la Sección Internacional de la Compañía Cubana de Teléfono, puso importantes informaciones a disposición de los revolucionarios que actuaban en la clandestinidad. A veces sus padres notaban su ausencia al amanecer del próximo día, ella se justificaba diciéndoles: “…anoche tuve mucho trabajo mami pues doblé el turno de una compañera”.
Los esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista no perdonaron su osadía. Aquella noche del 11 de febrero de mil 958, cuando viajaba en el auto de la familia rumbo al centro telefónico San José de Lajas, sitio de labor cotidiana, la máquina fue asaltada súbitamente por la guardia rural. Después de unos minutos, un minucioso registro y un largo interrogatorio, un traicionero disparo en la nuca dejó a Aleida sin vida.
Dicen que aquel día, al paso del cortejo fúnebre, ondearon miles de banderas cubanas y una lluvia de flores descendió desde los balcones. Periódicos de la época aseguran que unos 10 mil güineros rindieron tributo a quien estremeció los puntales del gobierno de turno.
Sesenta y un años después el pueblo güinero retornó a las calles para rememorar aquella jornada. Volvieron a ondear las banderas cubanas. Cientos de infantes, jóvenes y adultos avanzaron unidos hacia la necrópolis local. En sus manos, multiplicidad de flores, todas dedicadas a una joven convertida en mártir por defender su Patria, Aleida Fernández Chardiet.(adm)









