Triunfó el amor sobre la adversidad y Andrés y Pedro Luis están felices. Termina el curso 2018-2019, pero Andrés, el maestro, recuerda el primer día de clases, cuando Pedrito llegó temeroso y callado al aula.

Aquellos ojos infantiles, tiernos y melancólicos, cautivaron al joven educador, quien recibió al niño diagnosticado con discapacidad intelectual, lleno de motivaciones y responsabilidad.

Ese día comenzó un largo camino que juntos transitaron en el aula de segundo grado del Seminternado de Primaria Héroes de Playa Girón en Madruga en compañía del resto de los pioneros del grupo.

Fue un gozo para Andrés cada avance en la educación de Pedrito, el alumno que tenía que esforzarse más que los demás pero al final de cada jornada aprendía la lección.

El maestro se convirtió en amigo y consejero, en compañero de juegos y a la hora de enseñar exigía con rigor. El grupo jugó también su rol con muestras de afecto y compañerismo para el amiguito que compartía la merienda con quien lo necesitara y trataba a todos con amabilidad.

Aparecieron los números, vocales y consonantes fueron uniéndose para formar palabras y ahora que el curso llega a su fin el reto se traduce en victoria.

Pedrito sabe leer, escribir y calcular. Para Andrés la tarea fue dura pero hermosa y siente la satisfacción y el privilegio de ser el maestro de un pequeño para el cual, las ganas de aprender, fueron más fuertes que los obstáculos que la vida le impuso.

Este es para maestro y alumno un curso muy especial, el sueño hecho realidad, termina una etapa pero sigue fuerte e indestructible el lazo que unió desde el primer día a Andrés y Pedrito, el amor. (BSH)

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