Puede parecer extraño, nunca nos hemos visto, pero entre nosotras nació y se consolidó una amistad. Realmente no sé cómo es su apariencia fÃsica, su rostro, su pelo, de ella solo tengo la melodÃa de su voz.
Porque Bertha llegó a mÃ, mediante una llamada telefónica, se las ingenió para desde su Cienfuegos, averiguar mi número y asà un buen dÃa entró a mi hogar, fue Radio Mayabeque, quien hizo posible que mi voz llegara hasta ella y que me privilegiara con su amistad, mágica por cierto, porque debemos imaginarlo todo.
Yo la pienso allá en su casita decorada con sencillez, pero con el buen gusto de quien sabe ver con el corazón y ella hace preguntas y más preguntas de la más joven del paÃs, de la provincia de Mayabeque, donde vive su amiga la periodista.
Berta me ha entregado su cariño y lealtad, lo más bello que alguien puede dar, conversamos a menudo de las pequeñas grandes cosas de la vida, de los seres queridos, anécdotas de cuando alfabetizó y me traspola a aquellos primeros años de cambio.
Con ella confirmo que lo más bello de la vida, lo más valioso, suele estar en los asuntos cotidianos, una receta de cocina, la historia del agitado dÃa, el triunfo al final en las batallas domésticas, eso que nos hace reales.
AsÃ, solo del diálogo, vÃa telefónica, se consolida la amistad que nos une a Bertha y a mÃ, la palabra que hace también sustentable mis dÃas, me evidencia que la amiga lejana me entrega lo más importante que un ser humano puede dar: su tiempo.
Es cierto, nunca nos hemos visto, lo haremos algún dÃa, por el momento, escucharla me hace bien, su admiración por mi trabajo me reconcilia con el ajetreo y las exigencias de la profesión y me hace agradecerle por siempre a Bertha y reciprocarle tanta ternura y cariño.









