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Desde hace algún tiempo supe de personas que entregan donativos para mejorar la calidad de vida de otros, como un gesto de infinito amor. Quizás algunos llegan a Cuba por el sistema que mostramos al mundo, por el incalculable valor atribuido a su pueblo, con mayor énfasis a la niñez o por lo que conoce a través de otras personas que sí estuvieron en la Isla.

Pero no fue hasta hace poco que viví en carne propia lo que fue intimar con uno de ellos frente a frente.

Cuando conocí a José, un señor que ya supera los 65 años, residente en Valencia, España, supe que era uno de los visitantes foráneos que no vino a hacer el turismo tradicional de hoteles y carros rentados, como me dijo.

Arribó aquí por primera vez a desandar las calles, hablar con su gente, conocer la realidad que no siempre se dice del país.

En cierta ocasión me comentó que quería tener un detalle con niños de una escuela, percibí la generosidad de su alma. Así llegamos hasta la Comandante Manuel "Piti" Fajardo, que no supera los 50 alumnos, en una comunidad mayormente cañera, de igual nombre, situada en La Salud, Quivicán.

Traía una bolsa llena de sueños, con ansias de repartirlos para todos. Pero no fue solo material escolar el que trajo con todo cariño a los educandos, también se nutrió de los maestros, intercambió con representantes de Educación y el Gobierno, y quedó maravillado con la rica flora y fauna de los alrededores.

En el diálogo explicó a los pinos nuevos la historia que une a España con Cuba, una que no siempre fue mala ni desgarradora, como la vivida con el descubrimiento de América.

José, el valenciano, se interesó por la preparación, incitó al estudio y recalcó debían ser hombres y mujeres de bien.

Ya nos alejábamos del centro escolar. Noté entonces en sus ojos la alegría de hacer un bien, de compartir lo que tiene y no lo que le sobra, de saberse útil en la vida.

"Hice una buena acción, me llevo eso a mi país", me comentó.

Luego de un momento de observación añadió: "llevo también el asombro de ver cómo las personas son felices sin depender de grandes lujos, de tecnologías impactantes. Lo mejor que tiene Cuba es su calidad humana. Esto en mi país lo viví hace muchos años".

Ya lo despedimos, pero prometió volver, porque para engrandecer su alma volverá a Mayabeque. Esta vez a sabiendas de que en Cuba hay gente diferente a la que conoció en otros países.

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Categoría: Crónicas, reportajes y entrevistas
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