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Música y baile a la par en el pequeño poblado de Bejucal, de la provincia de Mayabeque, donde se celebra una de las tradiciones culturales que, junto a las Parrandas de Remedios y los Carnavales de Santiago de Cuba, constituyen las tres fiestas populares nacionales de Cuba, desde sus orígenes en la época colonial hasta la actualidad: las Charangas de Bejucal.

Desde hace más de 100 años y siempre en la misma época, con motivos religiosos relacionados con la Misa del Gallo del 24 de diciembre, las fiestas populares bejucaleñas engalanan a todos los pueblerinos y los dividen en dos bandos contrincantes: La Musicanga y Los Malayos.

Un elemento cautivador de la tradición han sido siempre las llamativas carrozas Ceiba de Plata y Espina de Oro, cada una perteneciente a un bando y con nombres que se conservan en la actualidad.

Las Charangas de Bejucal, consideradas la expresión más popular de la identidad de los habitantes del pueblo que les da nombre, conservan sus características iniciales con algunos cambios en el diseño de estas carrozas, que al inicio se realizaban en andas, semejante a las procesiones católicas.

En la producción del espectáculo actual intervienen diseñadores, vestuaristas y costureros de muchos años de experiencia en la preparación de las carrozas, que logran una muestra de sorpresas que cada año se relacionan con distintos aspectos del panorama cultural cubano e internacional como la pintura, el cine, la historia.

La plaza central del pueblo, acoge durante la madrugada el largo desafío en representación de los centenarios bandos, cuyos colores representativos son el azul y el rojo y se identifican como enemigos antagónicos desde hace siglos, en lo que para muchos es una de las noches más espectaculares y mágicas de Cuba.

En un espectáculo lleno de colores, música y fuegos artificiales, las carrozas revelan, ante visitantes de todo el mundo y ubicadas en extremos opuestos de la plaza, elementos que van desde la magia del dibujo animado, a las tradiciones y la nacionalidad cubana y concluyen con la música de los tambores y demás instrumentos que componen la famosa Conga de Bejucal.

Muchos elementos identifican a las reconocidas fiestas, personajes típicos y con facciones satíricas como la Macorina, un hombre disfrazado de mujer y, sobre todo, la música de Conga, el factor danzario más importante.

Este 2017, las Charangas dieron comienzo el 20 de enero con una gran participación no solamente de los pobladores, sino de visitantes y con una gran explosión de música, baile, color y también, de negocios.

Fueron puestos a disposición del público varios quioscos para la venta de alimentos en los dos parques principales del pueblo y calles aledañas además se instalaron en las plazas principales alrededor de 30 negocios de cuentapropistas que fueron desde venta de bisutería, ropa y zapatos hasta la instalación de juegos para niños.

Los más pequeños de casa pudieron disfrutar de un gran “parque inflable” cuyos juegos se montaron en las calles céntricas del pueblo y de otros entretenimientos, si bien los padres no quedaron muy complacidos con los precios de tales diversiones, que en opinión de muchos, suben con cada año que pasa.

Por otro lado, las carrozas cumplieron su cometido de asombrar nuevamente a la audiencia con temas novedosos representados en las llamadas “sorpresas”. La Ceiba de Plata fue diseñada por Roberto Macareño, y la Espina de Oro por Ibrahim Cabrera, quiénes llevan alrededor de media década a cargo de dicha labor.

Luego de las presentaciones, en el llamado Parque de la Iglesia, de grupos musicales muy reconocidos dentro del repertorio musical de la Isla como la Charanga Habanera, la conga bejucaleña proclamó el inicio de las carrozas, en una noche en la que el público olvidó el sueño y se mantuvo en las calles hasta el amanecer.

(Tomado de Radio Reloj)

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Categoría: Identidad y tradiciones
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