El encuentro de las dos culturas o de las tres, que no tuvo mucho de amistoso, en tanto significó la imposición de una de ellas por encima de las otras, e incluso, la eliminación de buena parte de estas, no pudo impedir sin embargo, la permanencia de algunos elementos aborÃgenes en la cultura cubana.
Ejemplo abundan en nuestra manera de hablar, reflejados en la obra de Fray Ramón Pané, Relaciones acerca de las antigüedades de los indios o a los libros de Samuel Feijoo, Mitos y leyendas en Las Villas y MitologÃa Cubana.
Lo esencial es cómo esos elementos aborÃgenes han ido pasando de generación en generación, mezclándose con otros mitos de origen europeo o africano. Tal es el caso de la Bella Durmiente de Madruga.
Según investigaciones arqueológicas del grupo Espeleoarqueológico Copey de Madruga, este municipio mayabequense posee una fuerte presencia aborigen. Lo prueba además el nombre de varios lugares de su territorio, como Bija (barrio rural), árbol relativamente numeroso en nuestros campos; Biajacas (rÃo que corre por la zona de Cayajabos, el conocido pez de agua dulce); Cayajabos (otro barrio rural), semilla que vulgarmente es conocida como mate, Copey (barrio urbano de Madruga), árbol tradicional de nuestro pueblo. Y asà otros muchos.
Junto a los mencionados toponÃmicos ha sobrevivido la leyenda de Baiguana, que muchos tenemos el gusto de trasmitir a los lectores.
Cuentan que era una india tan bella que enloquecÃa a los hombres, al punto de que estos dejaban de sembrar, cazar, pescar…Preocupado el cacique Maguana, fue al rÃo Jibacabuya a pedirle consejo a la boca de agua del Dios Murciélago, quien le regaló un pescado mágico para que se lo brindara a Baiguana. Cuando ella lo comió, se recostó y se quedó dormida frente a su bohÃo bajo la luna llena.
Allà quedó para siempre Baiguana convertida en montaña. Se trata de la majestuosa loma del Pan de Matanzas, la cual junto a la de Palenque -que pertenece a Madruga- al ser vista desde lejos recuerdan a una mujer dormida.









