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Cuando el viajero arriba en tren al poblado de Los Palos, le resulta casi imposible apartar la mirada de la dama de hierro que custodia la vieja estación. La señora llamada por sus fabricantes la mil 107, es la quinta locomotora más antigua de las que quedan en el país.  

Fue bautizada como la cucarachita por los obreros del Central Manuel Isla donde trabajó hace unos 20 años. La singular testigo de la historia del batey, guarda en sus 136 primaveras, muchas anécdotas de trabajo y amor.

Quizás por eso los trabajadores del ya inexistente central la recuerdan con la nostalgia de un pueblo que fue azucarero por casi dos centurias.

El sobrenombre se debe a su forma peculiar, la trocha es muy grande para una máquina de pequeñas dimensiones, por eso estuvo destinada a las labores de patio.

Su función era transportar vagones desde la línea principal hasta el basculador, poco a poco se hizo familiar entre los vecinos de la comunidad.

A mediado de los años 90 llegó su retiro, dejó de ser una obrera más para convertirse en símbolo del trabajo azucarero y patrimonio del municipio Nueva Paz.

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Categoría: Identidad y tradiciones
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