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Río Mayabeque. Foto: Juventud Rebelde

En el decursar de los años cada individuo se ha preguntado qué los hace diferentes del resto, qué queda  en ellos de sus antepasados o si realmente percibe cada espacio con el que interactúa.

La doctora Ania Martínez Gómez, es una mujer de su tiempo que en el 2009 partió hacia la República Bolivariana de Venezuela como parte de la misión médica cubana en ese hermano país. Así es la gente de este pueblo, sencilla, humilde, capaz de servir, que es darse cuando el humanismo y la solidaridad convocan.

El andar del hombre sobre la tierra, debe dejar una huella indeleble. Es que somos protagonistas de una historia, que estamos obligados a hacer y a dejar como legado.

El amor es un no sé qué, que viene de no sé dónde y acaba no sé cómo. El amor no tiene cura pero es la mejor medicina para todo. El amor es la más injusta de las emociones, no te deja vivir   pero al mismo tiempo te impide morir, nace de nada y muere de todo.

Las historias de amor también las escriben hombre y mujeres que por amor realizan hazañas y hacen de la entrega y el altruismo algo cotidiano. Así es la historia del doctor Javier a quien el deber lo llamó para partir hacia Haití justo cuando estaba por llegar el mayor fruto de su amor con Claudia, el pequeño Diago.

“El amor, madre, a la patria

no es el amor ridículo a la tierra,

ni a la yerba que pisan nuestras plantas;

Es el odio invencible a quien la oprime,

es el rencor eterno a quien la ataca”