Especiales

El andar del hombre sobre la tierra, debe dejar una huella indeleble. Es que somos protagonistas de una historia, que estamos obligados a hacer y a dejar como legado.

El amor es un no sé qué, que viene de no sé dónde y acaba no sé cómo. El amor no tiene cura pero es la mejor medicina para todo. El amor es la más injusta de las emociones, no te deja vivir   pero al mismo tiempo te impide morir, nace de nada y muere de todo.

Las historias de amor también las escriben hombre y mujeres que por amor realizan hazañas y hacen de la entrega y el altruismo algo cotidiano. Así es la historia del doctor Javier a quien el deber lo llamó para partir hacia Haití justo cuando estaba por llegar el mayor fruto de su amor con Claudia, el pequeño Diago.

“El amor, madre, a la patria

no es el amor ridículo a la tierra,

ni a la yerba que pisan nuestras plantas;

Es el odio invencible a quien la oprime,

es el rencor eterno a quien la ataca” 

Gustavo González Hernández es un jaruqueño como muchos otros que transitan por las calles de esta ciudad, pero lo que le hace diferente a este hombre de 90 años de edad de los demás, es su colección de banderas.

Amanecer cada cuatro de diciembre junto a la imagen de Santa Bárbara es una tradición de arraigo popular en Güines, una ciudad, como casi todas las urbes cubanas, signadas por un proceso histórico que el investigador Don Fernando Ortiz definió como transculturación.