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Villa Clara_ En la biografía de Abel Santamaría Cuadrado debe aparecer, ineludiblemente, ese pasaje revelador de lo que vendría después; contado, con sano orgullo, por su madre Joaquina. 

«No me gusta», le dijo su madre Joaquina cuando él le preguntó qué le había parecido su amigo. «Es el único hombre que te empequeñece a ti», fue su argumento. 

Abel Santamaría, el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes. Nació el 20 de octubre de 1927, en Las Villas, desde niño se interesó por  la historia de su patria, se trasladó a La Habana  con su hermana Haydée, ambos se vincularon al Partido Ortodoxo. Su apartamento de 25 y O en el Vedado se convirtió en uno de los centros de reunión del movimiento que participó en las acciones del 26 de Julio de 1953. 

Esperanza nunca lo soñó, la realidad de nacer negra y pobre,  y el cansancio del trabajo siendo apenas una niña no dejaba fuerzas para eso. Huérfana, con seis hermanos, un padre demasiado molesto con la vida y una Cuba echa al vicio y la discriminación la privaron de los sueños  y la alegría de la infancia, lo que conoció temprano fue la humillación por lo oscuro de su piel, además el tener que servir en casas de blancos donde algunos la hacían sentir mal. 

La historia que hoy comparto con usted es la de un campesino de Jaruco al que la vida le jugó una mala pasada y nunca pensó vivir para contarla, él se llama Idael González Barceló y es una persona sencilla, ahora nos cuenta: 

Nivaldo Hernández Esquivel, vecino del Comités de Defensa de la Revolución (CDR) número 13 Ignacio Agramonte, ubicado en Güines, se destaca por su accionar en las tareas cederistas. A  sus 75 años es incansable, entre sus prioridades está mantener su barrio limpio y cumplir con todas las tareas de la organización de masas más grande del país.