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El mito de los pinareños se rompió con el músico cubano Raúl Paz porque estaba destinado al éxito, desde que nació en pleno aguacero durante la tarde del 7 de septiembre de 1969, “un año erótico”, según destaca el artista.

Bajo las influencias universales del signo zodiacal Virgo, sus primeros años en este mundo fueron muy inquietos. Confiesa que hacía muchas trastadas: “Tenía una doble personalidad medio rara porque fui un buen alumno en la escuela, y a la vez, era súper maldito. Siempre andaba metido en líos y mi madre salía a buscarme por todo el pueblo. Yo creo que desde chiquito me hice famoso”, afirma risueño.

Con los buenos recuerdos de una infancia “feliz, modesta y tranquila”, Paz le dio la bienvenida a la música, y empezó a componer esas bellas canciones que reflejan su propia existencia y la relación con lo que le rodea.

Ellas se mezclan en diez producciones discográficas con una constante creativa: “Ser interesantes de muchas maneras: por sus letras, sus músicas, la combinación de ambas; por su decir o no decir. Pero siempre llevan a algún lugar.

“Lo que más me gusta de mis temas es la variedad de interpretaciones que toman en las personas, algunas inimaginables por mí cuando las escribo. Las canciones son ventanas que el artista hace para que el público mire y vea en ellas lo que quiera”.

Las secuencias de imágenes y los misterios del sexo opuesto siempre le producen música. “La diferencia me atrae más de las mujeres. Me fascina cantarle a esa diversidad de ser diferentes, y al mismo tiempo tan parecidos y complementarios”.

Comer está entre los mayores placeres. Sus gustos culinarios son tan universales como su música. “Tengo varias, pero una de mis comidas preferidas es un plato de arroz con bastante frijoles negros, chicharrones y ensalada de aguacate. También me encanta cocinar”.

Después de compartir con su familia, especialmente con sus hijos Rocco y Rafael, el cine es un arte que atrapa la atención de Raúl en su escaso tiempo libre. “Incluso más que leer. Y aunque parezca mentira, no hacer nada. Mi cerebro nunca descansa, a veces necesito algunos minutos de soledad en esta vida llena de gente”.

Si hoy no fuese un hombre reconocido, Paz considera que igual sería popular porque prefiere estar rodeado de muchas personas. “Disfruto conocerlas y hablar con ellas. Me intrigan los adultos mayores, ellos también tuvieron 20 años y tienen interesantes historias que contar”.

Con una exitosa carrera en el extranjero, el autor de “Revolución” pasa una parte de su vida fuera de la Isla. Es en esos momentos que extraña “la idiosincrasia que nos une. Lo que nos hace ser de un mismo país son una serie de elementos que no están definidos, pero que te señalan dondequiera que estés: Ese es cubano”.

El único instante en que Raúl Paz pensó no dedicarse a la música duró media hora, cuando imaginó estudiar arquitectura en duodécimo grado. “Pero treinta minutos más tarde me dije: Imposible. Y volví a la idea inicial de más que músico, ser artista. Ese el objetivo, ir más allá de tocar un instrumento o cantar. Para mí el arte es comunicar, retroalimentarme de la gente; crear y tirarme al vacío con cada canción o disco nuevo”.

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Categoría: Dando la nota
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