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“Yo me basto y me sobro para convencer a los choferes”, dice la inspectora popular de más larga data de Jaruco en ese puesto, María Josefa Núñez.

“Desde que el presidente Díaz-Canel habló el martes, más del 95 por ciento de los carros paran, hasta aquellos que no lo hacían nunca”, asegura esta mujer, pequeña en estatura pero enorme en fuerza y carácter.

“Y muchos lo hacen de voluntad, hasta las motos recogen a la gente”, afirma Fefita, como la conoce el pueblo, y continúa describiendo sus últimas jornadas de labor en una de las paradas de ómnibus más concurridas del municipio en cualquier día o época del año.

Su tarea, y se la toma con absoluta seriedad, es lograr que los pasajeros se trasladen de forma segura, lo mismo en los ómnibus, que en otros vehículos del Estado hacia Güines, San José de las Lajas, Tapaste, La Habana y muchísimas comunidades y asentamientos.

Por estos días, cuando escasean los medios de transporte debido a la baja disponibilidad de combustible, con más ahínco, ella desempeña su papel en la calle 12 de la Ciudad Condal. Orienta, dice, exige, y hasta reprende cuando debe hacerlo y a quién lo merezca.

Con su uniforme celeste, esta mujer sorprende al sol haciendo sonar su silbato, extendiendo los brazos en señal de ayuda o de mandato, cuando lo exige el momento o lo requiere alguna persona indolente que va detrás del volante.

Todos la respetan, la necesitan y hasta incluso extrañan su presencia cuando está enferma o de descanso. La gente admira sus ojos de águila, la rapidez con que se mueve y los códigos que construye para hacer efectivo el PARE de su tablilla.

Confesó que le corresponden varios días de vacaciones, pero renunciará a ellos porque no es momento para dormirse en los laureles. En estos tiempos difíciles, es su punto de transportación el mejor lugar para servir al pueblo. (LHS)

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Categoría: Mayabeque
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