Desde el anuncio del incremento salarial al sector presupuestado no se ha dejado de hablar de otra cosa. “Averíguame si yo entro en el aumento”, me dice mi papá, casi centenario, dependiente de una austera pensión.“En qué grupo estamos incluidos”, indagan los colegas, en busca de detalles sobre la nueva escala, distanciada ahora considerablemente de los estoicos 385 pesos, con los que los del gremio hemos subsistido hasta el momento.“¿Mi marido estará entre los beneficiados?” pregunta una vecina, cuyo esposo labora en Comunales.
La noticia se regó por los cuatro costados de la isla, cuando suponíamos que “la cosa” empeoraría, sometidos a un cruento hostigamiento, redoblado con leyes y medidas extraterritoriales, ante las cuales parecía que solo podía sobrevenir lo peor.
Sin embargo, nadie puede subestimar la capacidad del país de reinventarse, aún en medio del caos. Es un reservorio intangible de subsistencia, sabiamente acopiado a lo largo de años de cerco, de donde surge una respuesta frente cada adversidad.Eso nunca lo entenderán quienes analizan superficialmente a Cuba y a su pueblo.
Cuando pensábamos que íbamos a pasar uno de los peores veranos de nuestras vidas, surge una estrategia, que no será capaz por sí sola de arreglar las cosas, pero pone delante las pautas para avanzar.El aumento salarial, aunque es la cara más humana del tema, propicia la adopción de otros pasos de los cuales dependerá que podamos desarrollarnos de verdad, desde abajo, ganar espacios en el mercado exterior, y dar solución a las necesidades con nuestros propios recursos y esfuerzos.
Pensar como país es la máxima lanzada por el presidente Díaz- Canel y resume la esencia de pasos sucesivos. Solo con esta concepción suprema, despojándonos de interpretaciones estrechas, podemos asumir el reto actual. Lo principal se resume en: fortalecer la contabilidad; sustituir métodos administrativos por financieros; más compromiso y aporte personal; incrementar los resultados; mejorar la calidad de los servicios; fomentar encadenamientos productivos y las exportaciones; potenciar la empresa estatal; avanzar en la soberanía alimentaria; promover el desarrollo local; cumplir la Política de la Vivienda; y poner la ciencia en función de resolver problemas.
Un eje recorre estos aspectos y es el fortalecimiento de la producción nacional, su defensa permanente y la superación de conceptos estrechos, mentalidades obstructivas, y decisiones que no estén en sintonía con los propósitos actuales. Esto también pasa por el adecentamiento de conductas, y el combate permanente contra la corrupción, el robo y la falta de control.
Subieron los salarios, fue la noticia que muchos ni terminaron de escuchar, para salir corriendo a decirla al más próximo, comentarla de portal a portal, en las charlas tempranas de bodega, en barberías y centros laborales. Una decisión que dinamiza nuevamente nuestras vidas, renueva el entusiasmo, lo impregna de esperanza y nos hace pensar que, a pesar de todo…nos movemos.


