Caracas fue una ciudad algo complicada para encontrar a Roberto Fernández Retamar aquel día de marzo de 2009. El tráfico infernal de la urbe a la hora pico retardó mi encuentro con el autor de Calibán, a quien acababan de conceder el Premio ALBA de las Letras.
La prensa local lo asediaba, interesada en descubrir toda la verdad de aquel hombre enjuto, con una bolchevique, que parecía querer escapar del mundo, mientras esperaba a los reporteros, hundido en un inmenso butacón de cuero.
Ante la sonrisa amable del poeta de Con las mismas manos, no hicieron falta las disculpas para iniciar un diálogo fugaz, marcado por la prisa, pues aguardaban por él en otro sitio de importancia y la demora en arribar al lugar de la cita nos pasaría inmisericorde la cuenta.
Eché mano a la memoria, me fui al pasado, hurgué en la gratitud y habló de Lezama: “yo era muy joven cuando el gran poeta José Lezama Lima tuvo la generosidad de publicar poemas míos en la revista Orígenes, creo que tenía entonces 20 o 21 años y seguí publicando en Orígenes hasta que dejó la revista de existir en el año 1956.”
“En el propio año 1951 en que conocí a Lezama había conocido antes a dos igualmente grandes poetas de mi país, Cintio Vitier y Fina García Marruz. Yo creo que le debo muchísimo a ellos, en particular al gran movimiento espiritual que significó el grupo Orígenes en Cuba, me considero un agradecido heredero de sus lecciones.”
Pero no se puede desligar a Roberto Fernández Retamar de la Revolución Cubana, a la que estuvo vinculado estrechamente: “bueno, fue una alegría, fue una gran alegría, porque siempre había deseado un país mejor y la revolución fue el medio espléndido para hacer realidad ese deseo.”
Y a la Casa de las Américas, un espacio aglutinador del cual Retamar habla con pasión: “la compañera Haydee Santamaría, heroína de nuestra patria, fue la fundadora y la orientadora, hasta hoy, de la Casa de las Américas. La Casa de las Américas es sobre todo su casa, la casa de Haydee. Yo tuve el privilegio de trabajar 15 años orientado por Haydee Santamaría y creo que puedo decir objetivamente que la Casa de las Américas es una de las grandes creaciones de la Revolución Cubana y que siempre, bajo la orientación de Haydee, ha ido cumpliendo su meta, su ambición, de unir en el orden cultural a los pueblos de Nuestra América".
Alguien llega para apresurar la charla, la noche asoma sobre Caracas y desde un ventanal se divisan las primeras luces de los cerros. Mis colegas agilizan sus preguntas, algunas despistadas, flechazos rutinarios para llevar a sus redacciones las palabras del premiado, mientras Roberto Fernández Retamar se levanta del mullido butacón y aprovecho para darle la mano y casi musitar un último reclamo ¿cuánto queda de poesía?
“Bueno, la poesía es indetenible, se escribe poesía en los momentos más conspicuos de la vida de un ser humano: cuando está enamorado, cuando está en medio de una guerra, cuando recibe una buena o mala noticia, no hay manera de detener a la poesía. Aristóteles dijo que el ser humano es un animal político, está bien, es correcto, pero también es un animal poético”. (IVP)
PD: Retamar acaba de morir en La Habana, admirado y respetado en el ámbito de la cultura.


