Me duele en lo más profundo  la pérdida física de un Hombre que es  historia, un líder ya no cubano, sino universal. Ya en el mundo se siente con pesar la noticia de la muerte de Fidel.

Porque Fidel es constructor de una cultura de la emancipación y la libertad, de la solidaridad internacionalista, es un constructor  de elementos de futuro para este planeta, y  que ya están presentes en una patria a la  que dedicó todas sus energías desde la misma alborada de enero del 59.

Incluso antes, cuando miró en derredor una tierra cuyos hijos estaban sumidos en la miseria, la desigualdad social, y   en sus  ideales de justicia  diseñó un programa social que  nos llevó hasta lo que hoy somos.

La dolorosa noticia recorre los cuatro puntos cardinales del orbe, pero su legado queda perenne y es brújula que guía el destino del país, del  continente, y de otras latitudes del mundo.

Me acostumbré a sus reflexiones agudas, aunque ya no lo veía en discursos oficiales o  en pláticas espontáneas con su pueblo.

Parte el cuerpo, su alma  y su  herencia de hombre justiciero, vivirán eternamente en quienes recordamos  todo lo que hizo por nuestro pueblo y por los hermanos que hoy lloran desde múltiples lugares su partida. Gracias Fidel.

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