Entre los miles de pobladores de Mayabeque, presentes en Catalina de Güines, para presenciar el cortejo fúnebre que trasladó las cenizas de nuestro comandante Fidel Castro hasta Santiago de Cuba, se encontraba Benita Pérez de Oro Jiménez, una anciana que no se hubiera perdonado faltar al último adiós al líder histórico de la Revolución Cubana.


