Teresa entró al salón nerviosa, pero confiada. La operación apenas duró unos 15 minutos y ella solo pensaba en una cosa volver a ver el rostro de su nieto con todos y cada uno de sus rasgos y así fue.
La luz llegó a sus ojos y fue como volver a la vida, dicen bien al llamarla Operación Milagro, aunque no es de la providencia sino de la decencia de los hombres que nos hicieron dignos, libres o iguales, asegura Teresa ya recuperada en su casa.
La catarata y otras afectaciones de la vista se operan desde hace algún tiempo en Mayabeque, son servicios que llegan para el bienestar del pueblo, pues ya no hay que trasladarse hacia otras provincias del país.
Como el caso de Teresa hay miles, van a consulta, realizan los exámenes correspondientes, fijan la fecha de la operación y asunto resuelto.
A nadie aquí sorprende el hecho porque es cierto que cuando lo extraordinario se hace cotidiano, todo parece normal, pero esa sencilla operación cuesta, un gasto que asume el estado cubano porque el hombre es el centro de su interés y la salud un derecho.
En otros lugares varias personas tienen esos padecimientos y están condenados a vivir en las tinieblas porque no cuentan con recursos para pagar la cura valorada en miles de pesos.
Esas cosas hay que pensarlas y estimarlas porque están ahí, son nuestra realidad y no reparamos siempre en ello. Todo cuanto hoy se hace para resolver los problemas y deficiencias porque los tenemos es en defensa de un país que como lo soñó Martí obra con todos y para el bien de todos.
Hay que empeñarse en hacer sustentable la justicia, esa que le devolvió la visión a Teresa y la alegría de vivir sin pedirle nada a cambio.
Esta mujer ya puede ver no solo el rostro de su amado nieto, sino todo lo que la rodea y entonces enfrenta con más fuerza las dificultades del día a día.
Hay que proteger todo lo que se ha logrado en materia de salud, por esa y otras razones vale la pena defender la Revolución a toda costa.


