Me sorprendió la noticia en medio de la nada, la brisa de la gran llanura venezolana se detuvo. A pesar del calor característico del estado Portuguesa, allí al centro de la nación de Venezuela sentí frío. 

Al entrar en Guanare, la capital, supe que era cierto. El silencio cortaba como fría daga, la soledad se agigantaba en la propia mudez, contagiando todo de una tristeza indescriptible.

La sede de la misión siempre concurrida, ahora la percibía un aura fantasmal. Estaba viviendo, no cabía duda una pesadilla, la más temida y amenazante de aquellos últimos meses.

La televisión mostraba rostros marcados por el estupor y la incertidumbre, era como si todo marchara más lento y la gente confundida no supiera a donde ir ni dónde mirar.

Chávez vivirá en los pobres de Venezuela porque la fe mueve montañas, sigue en los sueños y realidades de la gente, en sus canciones, en las copas de las llaneras, en la luz que se extiende cada vez más en los cerros, en las misiones sociales, en los niños, en los jóvenes y vivirá eternamente acá, más al norte, en esta pequeña Isla del Caribe en la que cabe más cabal que su sombra.

Compartir / Share

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to Twitter