Un 14 de junio del año  1845, en Santiago de Cuba, nació  Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, el Titán de Bronce y héroe de las dos grandes guerras de Cuba por su independencia del yugo español.

Pasados exactamente  83 años, en Rosario, Argentina, vería la luz  Ernesto Guevara de la Serna, más tarde  médico y revolucionario,  que vino con Fidel en el Yate  Granma a pelear por Cuba.

Muy lejos estuvieron en el tiempo, pero unidos en la defensa de las causas más justas y nobles de la humanidad, la justicia social, el rescate de la dignidad humana.  

En la guerra contra el colonialismo  español, Maceo junto a  Máximo Gómez emprendió  la invasión de Oriente a Occidente, una de las hazañas estratégicas más significativas del siglo XIX,  epopeya que luego repitió  el Che junto a Camilo, en 1958,  para librar a Cuba del yugo de Batista.

Cada soldado, en su tiempo, brilló a plenitud. Uno con sus acciones en la manigua, el otro en la sierra y el  llano.

Maceo y Che, dos figuras que invitan a reflexionar sobre  lo que hemos sido a través de nuestra historia.

El Titán de Bronce arrastró muchedumbres, ejemplificó la vergüenza de los cubanos y no permitió jamás la deshonra.

El Guerrillero Heroico hizo suya la tradición de lucha de los cubanos, y siguió a Fidel, siempre con la vista en la defensa de la Revolución naciente y sus logros.

La fecha de sus nacimientos es una coincidencia feliz; sus idearios de lucha son el fruto de una razón y de una causa, que sobresalen como paradigmas de la hazaña por la redención continental.

Distantes en el tiempo El Titán de Bronce y el Guerrillero Heroico, pero los años se abrevian y se hacen  cercanos al mencionarlos, su pensamiento y obra permanecerán siempre unidos.

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