Imprimir

El 27 de febrero de 1874, cayó en San Lorenzo, el Padre de la Patria. Nacido en la villa de Bayamo el 18 de abril de 1819. Fueron sus padres Jesús María Céspedes y Luque y Francisca de Borja del Castillo y Ramírez de Aguilar.

Su niñez transcurrió en el campo en una de las haciendas de sus padres. Allí se hizo un muchacho fuerte e indómito.

Para realizar estudios superiores tuvo que trasladarse a La Habana y con fecha del 7 de noviembre de 1835, pasado el plazo oficial de matrícula se dirigió al Rector pidiendo ser admitido en el colegio San Carlos para cursar Derecho civil, lo que le fue concedido.

Durante más de dos años el joven bayamés se dedicó por entero a sus estudios hasta obtener el 22 de marzo de 1838 el grado de bachiller en Derecho Civil. Su vida como estudiante fue ejemplar. Con treinta y tres años Céspedes escribió su poema: Al Cauto.

Según una tradición bayamesa el nombre de Carlos Manuel de Céspedes va unido a los de Francisco Castillo y José Fornaris en la canción La bayamesa, que fue la expresión del sentimiento patriótico desde el momento en que se escribió.

Al alba del 10 de octubre de 1868, a la vista del golfo de Guacanayabo y perdidas en la mirada las altas montañas del Oriente en el ingenio Demajagua, el abogado Carlos Manuel de Céspedes se  levantó en armas.

En medio de un puñado de hombres y esclavos que ipso facto quedarían redimidos, Carlos Manuel de Céspedes leyó el manifiesto que sellaría la determinación independentista.

El 10 de abril de 1869, en el pequeño pueblo de Guáimaro, se reunieron los representantes de las distintas regiones en rebeldía. Se constituyó el gobierno de la República de Cuba en Armas.

Carlos Manuel de Céspedes fue designado presidente de la convención y como secretarios Ignacio Agramonte y Antonio Zambrana, quienes redactaron el texto de la constitución.

En Guáimaro triunfó la tesis  anticespedista: se quitó todo el poder al Ejecutivo y se decidió que la Cámara de Representantes tuviese poder para designar o destituir al presidente de la República y al Jefe del Ejército.

Por votación secreta se eligieron los distintos cargos: después de elegidos los miembros legislativos, se proclamó Presidente de la República en Armas al iniciador de la revolución Carlos Manuel de Céspedes y como general en jefe a Manuel de Quesada.

Céspedes estaba convencido de que su cargo dependía de los representantes de la Cámara, quienes tenían una concepción distinta de cómo conducir la guerra revolucionaria.

Durante esos días de exaltación en Guáimaro, Céspedes conoció a la familia del general en jefe Quesada. Su hermana Ana lo atrae con su belleza.

Poco tiempo después, en medio del campo insurrecto, se celebraron las bodas del Presidente, ya en su cincuentena, con la bella camagüeyana.

Viudo Céspedes, había sido acompañado en la guerra por los dos hijos de su primer matrimonio, Carlos Manuel y Oscar.

A mediados de 1870, Oscar fue apresado por las tropas españolas. El capitán general Caballero de Rojas envió comunicación a Céspedes que dejaría en libertad a su hijo si renunciaba a continuar la lucha por la independencia.

La respuesta de Céspedes fue terminante:

Dígale al general Caballero de rojas que Oscar no es mi único hijo: soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución.

El 29 de mayo de 1870, Oscar fue fusilado en Puerto Príncipe. Por esta razón llamamos hoy a Céspedes el Padre de la Patria.

El primer hijo que nació del matrimonio de Carlos Manuel y Ana murió de hambre en la manigua. El último día de 1870, la esposa del abogado bayamés fue apresada.

Ana de Quesada estaba de nuevo embarazada, en la prisión recibió ofertas para que su esposo renunciara a la lucha. La camagüeyana despreció esas palabras de soborno.

La valerosa mujer fue obligada a salir al extranjero. Allá lejos, en el frío extranjero, nacieron los hijos gemelos  de ambos: Carlos Manuel y Gloria de los Dolores.

La lejanía de la esposa le arrancó quejas al Héroe, pero comprendió que ante todo estaba su deber como jefe de la Revolución. En una de las misivas Céspedes le dice a Ana:

Aunque el corazón me anuncia que es eterna nuestra separación, y éste es el mayor tormento que puedo soportar, tu recuerdo está siempre vivo en mi memoria.

Céspedes se cortó el pelo y lo mandó a sus hijos que habían nacido en los estados Unidos.

Céspedes se preparaba para su deposición. El 10 de octubre de 1873,  en el campamento de la Somanta recibió Carlos Manuel de Céspedes la notificación del acuerdo de la Cámara de Representantes que lo despojaba de la presidencia de la República.

Se cuenta que el oficial que le llevó el aviso lo encontró ante una mesa tosca, ingiriendo su colación habitual, en un ambiente de total pobreza. Céspedes, que ya sabía del acuerdo de la Cámara, tomó el sobre y lo colocó junto a su plato.

El mensajero, con respeto, lo instó entonces a que leyera el aviso; temía que sufriera algún percance si se imponía de su contenido después de la comida. Céspedes desatendió el pedido y dijo:

“Joven, siéntese a compartir mi mesa, y así podrá usted decir el día de mañana que almorzó con un Presidente. Si abro el sobre ahora, no será posible”

Después de su cargo, continúa en el campo insurrecto. En opinión de los historiadores Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo, la deposición de Céspedes fue la antesala de su muerte.

Dos días después de haberlo destituido, la Cámara lo privaba de sus ayudantes y su escolta. Estallaban de golpe los odios y rencores que sus enemigos disimularon mientras ocupó la presidencia.

Su esposa, Ana de Quesada, y no pocos amigos se concertaban para sacarlo de Cuba. Un bote tripulado vendría a buscarlo para llevarlo a Jamaica. Pero el hombre del 10 de Octubre no quiso dar ese paso como un desertor, sino hacerlo con el beneplácito del Gobierno.

Abandonado, sin escolta, Carlos Manuel de Céspedes se instaló en un lugar dentro de la Sierra Maestra llamado San Lorenzo. Allí se encontraban inválidos y familiares de los revolucionares.

En San Lorenzo, Carlos Manuel de Céspedes dispuso de una cuartilla improvisada y reunió a su alrededor a los niños y los alfabetizó. Ahora lo acompaña Carlos Manuel, el hijo mayor de su primer matrimonio y su cuñado José Ignacio Quesada.

Céspedes expresó sobre la actitud que asumiría  en caso de  ser capturado por el enemigo: “Yo creo que no llegaré a morir como prisionero de guerra. Mi revólver tiene seis tiros, cinco para los españoles, y uno para mí. Muerto podrán cogerme: prisionero nunca”. 

Las autoridades españolas se enteraron del paradero del Padre de la Patria. Enviaron tropas por lo más intrincado de la manigua. Ese día, el 27 de febrero de 1874, el enemigo asaltó el pequeño lugar.

El 10 de octubre de 1968, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, en el discurso del acto en conmemoración al inicio de los cien años de lucha, pronunció palabras definidoras sobre Carlos Manuel de Céspedes: “No hay, desde luego, la menor duda de que Céspedes simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo, heterogéneo todavía, que comenzaba a nacer en la historia”.

Compartir / Share

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to Twitter
Categoría: Mayabeque
Visitas: 149