Bejucal es charanga e historia. Del ingenio de sus artistas nacen carrozas monumentales las que con el misterio de su interior, pasean la Isla para hacer distintivo a un pueblo que es manantial de tradiciones.

Su cultura centenaria no muere. Renace con el repicar de los tambores,  a su compás  bailan el Alacrán y El Gallo, la Macorina, el yerbero y la boyera y su gente toda en arrolladora conga hasta el delirio.

En teatro, sus famosos grupos han hecho las delicias de espectadores, como también su gastronomía goza de prestigio.

Privilegiada también con su historia es Bejucal.  En sus palmas quedaron huellas de balas mambisas como estandartes de honor a su hijo más heroico: el Coronel Juan Delgado, patriota insigne de Mayabeque, protagonista del audaz rescate del Titán de Bronce y del hijo del Generalísimo a quien impresionara por su coraje.

A Bejucal llegó el primer camino de hierro de Cuba y Latinoamérica, un medio de transporte utilizado por el niño y después joven José Martí a su paso tres veces por la zona. Fue destino también de fértiles tierras, utilizadas hoy por la agricultura cañera, los cultivos varios y la ganadería  entre los principales sectores económicos.

La salud y la educación dan luz a la vida con la rehabilitación de   ciegos y débiles visuales, en el Centro Nacional ubicado en ese territorio.

Bejucal encuentra su modernidad en la ciencia. Cuenta con el Centro Nacional  para la Producción de Animales de Laboratorio (CENPALAB)  y con el Centro Nacional de Biopreparados (BioCen) para la producción de vacunas y  biofármacos  de alta calidad, soluciones  ingeniosas  que se traducen en  acto de  amor  por la salud de pacientes de la Isla y el mundo. (LHS)

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