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El 25 de noviembre de 1956, Fidel junto a otros 81 expedicionarios, inició la travesía de México a Cuba en el yate Granma para cumplir lo que había dicho en el 56, seremos libres o seremos mártires.

Justo 60 años después parte hacia la eternidad al encuentro con Martí, el Che y Chávez, para seguir haciendo historia, para seguir haciendo futuro, iluminando como faro el sendero de los pueblos.

Su incuestionable inmortalidad no hace menos triste y doloroso este momento de la irreparable pérdida, se agolpa los recuerdos, sus discursos, sus apariciones siempre allí donde asechaba el peligro, su paso firme y de vanguardia en cada marcha del pueblo combatiente.

Su conducción certera del combate a la victoria, el liderazgo firme, y entonces las imágenes que nos muestran con orgullo el amor de los pueblos del mundo por Fidel. Su nombre coreado con profundo cariño. El orgullo de saberlo nuestro aunque compartido con la humanidad. Se fue uno grande dijo el presidente ecuatoriano Rafael Correa, es cierto, pero quedan sus ideas, su magisterio, su obra revolucionaria y un pueblo firme que siempre será fiel a su memoria.

Porque estos momentos de pesar son también de consolidación de los ideales, de convicción política y de reafirmación revolucionaria.

Porque Cuba navega hoy en un inmenso yate Granma con proa firme hacia el futuro y esta nave también está comandada por el legado inmenso que nos dejó Fidel.

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Categoría: Mayabeque
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