Antes cuando iniciamos los encuentros de base y hasta hoy nos falta su voz, ese espíritu emprendedor, su estirpe de luchador incansable, pero nos legó su ejemplo, su actuar cotidiano, dejó huellas inolvidables e indelebles en el periodismo cubano.  

Hace muy poco, pareciera ayer que Antonio Moltó dejó de acompañarnos, fue un golpe duro, de esos que se sienten en las profundidades del pecho. Te extrañamos auténtico, novedoso, creativo, de alto sentido humano, lleno de valores patrios.

Defendió la calidad del trabajo y la preservación de la ética, al tiempo que cumplió su misión sin calcular los sacrificios que esto implicaba, su carácter alegre nunca se quebró y asumió sus tareas por dura que fueran como un compromiso con alta responsabilidad.

Su vida fue intensa por la pasión que le imprimió al trabajo para hacer realidad sus ideas, tal empeño lo convirtió en un profesional en su máxima expresión, siempre condujo de la mano la esperanza, también en los sueños al momento de cumplir con su deber, tiempo y conciencia.

Moltó es de los que siempre estará, al que podemos acudir una y otra vez, cuando necesitemos de sabios y curtidos nutrientes, por eso y más los periodistas de Mayabeque le extrañamos en su adiós eterno.

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