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Ocupar el último lugar en cualquier competencia siempre es complicado, más si hablamos de un deporte como la pelota, que a pesar del descenso cualitativo en los últimos tiempos, sigue siendo pasión para los cubanos.

El equipo de Mayabeque en la Serie Nacional, durante sus primeros cinco años, estuvo siempre entre los más rezagados, este año la película se repite, al menos en los inicios, con balance de 5 éxitos y 13 descalabros (sin contar los juegos del jueves) los comandados por Vannoy Arado, se adueñan del frío sótano.

Es difícil salir de esta ubicación, en estos momentos el average ofensivo del elenco es solo de 216,  el más bajo de la temporada y sus lanzadores permiten 5.80 anotaciones limpias por cada nueve entradas, el más alto de la contienda.

A esos numeritos súmele que el equipo antes de iniciar esta sub-series, fabricaba 50 carreras y a sus serpentineros le anotaban en 106 ocasiones.

Hasta la defensa, uno de los renglones de juego con buenos resultados históricos, se deteriora, con 17 errores en 640 lances, para un promedio de 973. 

Eso no significa que los muchachos dejen de luchar, pero cada vez se torna más complicado obtener victorias y hasta cierto punto es entendible, cuando revisamos en la alineación de los Huracanes, hay solo cuatro peloteros con experiencia y de ellos, ninguno batea  300 de por vida en los clásicos domésticos.

Un picheo inexperto y con un cuarteto de receptores novatos, resulta difícil conducir correctamente los hilos del juego, lanzamiento por lanzamiento.

A pesar de todas estas realidades, nunca he visto un equipo desmoronado, sin ganas de jugar y con poca entrega en el terreno, todo lo contrario y eso es importante, porque del frío sótano solo se sale peleando, en esta campaña hay un ejemplo: Camagüey.

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Categoría: Tengo la palabra
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