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El principal mérito de los jóvenes que el 26 de julio de 1953 asaltaron la mayor fortaleza de la dictadura bastitana en el oriente del país fue retomar la continuidad de la Revolución y poner al pueblo en el centro de la efervescencia política de la nación.

Sesenta y dos años después, el hecho recobra su vigencia y es motivo de conmemoración para toda Cuba y los movimientos progresistas del mundo, porque el Moncada sigue emanando rebeldía.

Los jóvenes de entonces, inspirados en Martí, atizaron las ideas del Apóstol en el año de su centenario y reverenciaron también a los patriotas que habían caído a lo largo de las luchas libertarias en la manigua durante las guerras anticoloniales.

El Moncada fue eso, la perseverancia de una herencia revolucionaria que después se prolongó en el Granma y el triunfo del Primero de enero de 1959, momento en que fue posible hacer realidad el programa de aquel movimiento, alegato de Fidel conocido por "La historia me absolverá".

El sueño de aquellos jóvenes de hacer una patria mejor es el mismo que asumen los cubanos de hoy imbuidos en las actuales transformaciones económicas del país, conminados a hacer las cosas bien en cada frente de trabajo e implementar los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, sin prisa, pero sin pausa, sin violentar etapas, cuidando cada medida, para evitar errores o rectificarlos a tiempo, e impedir retrocesos en este propósito de dar un rumbo coherente y definitivo a la economía nacional.

El imperativo es aportar más, ser eficientes, mantener un control riguroso sobre los recursos y hacer las cosas con la calidad y la disciplina necesarias. Solo así avanzaremos realmente hacia etapas superiores de bienestar y seremos dignos de aquellos que hace 62 años despertaron la conciencia nacional y abrieron el camino para el triunfo que hoy disfrutamos.

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Categoría: Editorial
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