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El pasado martes viajé de Güines a Nueva Paz, y viceversa, en los nuevos ómnibus llamados Diana. Había algún tiempo que NO lo hacía valiéndome del servicio de transportación pública y créanme  que me sorprendió el tiempo que tardé en realizar la diligencia.  

Alrededor de las 8 y 30 de la mañana Yisel, Betsy y yo abordamos el vehículo en la Terminal de ómnibus y conseguimos sentarnos.

Era la primera visita de Yisel a Nueva Paz  y así lo hizo saber desde que nos aventuramos a desafiar la distancia que separa a ambos territorios de Mayabeque.

Ante su confesión NO comenté nada, pero pensé: “Ojalá y este recorrido NO se convierta en una pesadilla como esas que cuenta mi colega Molina cuando va a ver a sus padres en Los Palos, donde casi siempre llega  aventado por los almendrones que, a juzgar por el precio del pasaje, sus propietarios los ven como lujosas limosinas”.

Por otro lado Betsy se lamentaba de nuestra decisión de valernos del transporte público para cumplir la misión de trabajo y constantemente auguraba que el regreso a Güines iba a ser pasadas las cinco de la tarde, y eso sólo si ellas (las jóvenes) impresionaban a algún chofer para proporcionarnos la ansiada “botella”.

Yo, sumida en mi silencio, decidí resistirme a ese pesimismo y entre la conversación de mis compañeras de trabajo y el paisaje campestre que se abría paso por la carretera ocho vías, NO sentí el peso de la distancia.

Cuando llegamos, Ángel, el periodista, aguardaba por nosotros en el Estudio de Radio. Él nos mostró el pequeño espacio, desde donde transmite cada día la realidad de un territorio y las historias que protagoniza la gente sencilla que lo habita.

Luego fuimos para la sede del Partido municipal, ubicado a escasas cuadras de allí, y en ese trayecto Ángel se detuvo varias veces para saludar a quienes le agradecen por su desempeño como reportero, esa labor por la que algunos, jocosamente lo han bautizado con el sobrenombre de  La voz de Nueva Paz.

En todos los sitios que visitamos siempre manifestamos la preocupación por el regreso, y nos informaron que alrededor de las 11 y 30 una “Diana” pasaba por el parque central,  por lo que cerca de esa hora salimos en su captura.

Ángel, aunque disfrutaba de nuestra compañía,   también entendía que en Güines otro Angelito, en el círculo infantil, aguardaba por Betsy y por ello cuando divisó el ómnibus se dispuso a detenerlo.

Casi no hubo tiempo para la despedida. Ya sentada,  respiré tranquila, miré a mis compañeras y les dije: “Bendita Diana que nuevamente nos salva de la  distancia entre Güines y Nueva Paz, por sólo tres pesos”.

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Categoría: Tengo la palabra
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