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En un pueblo de campo como Madruga las noticias vuelan, “oye ya María y Pedro lograron llevarse al muchachito, ellos dicen que para que tenga allá un fututo mejor y más oprtunidades”, así le comentaba una vecina a la otra en la bodega, un sitio escogido por muchos para ponerse al día sobre el barrio. 

Aunque no era conmigo la conversación el tono elevado de quien hablaba nos hacía al menos oyente a todos los que estábamos ahí. No sé por qué pero de inmediato y lo digo con sana ironía pensé en Alberto y Eduardo, dos jóvenes de Madruga que cursan un postgrado en física nuclear en Francia e Italia respectivamente.

Al decir de sus familiares estudian mucho y sacan tiempo para aproximarse a una cultura diferente pero extrañan la casa, el olor a melao y el humo saliendo por la torre del Central Boris Luis Santa Coloma, de su grupo también son Silvia y Roxana dos niñas que se hicieron jóvenes y crecieron en la Florida, pero cuando vienen de vacaciones a su pueblo natal cuentan que les va bien, laboran en una tienda, pasean los fines de semana, pero la añoranza por el parque de Madruga y el amor de la gente de aquí no se apaga en su pecho.

La doctora Yisel también siente añoranza porque cada niño haitiano que llega descalzo a su consulta mal atendido o triste, la hace pensar en la dicha y la alegría  de los niños cubanos y de que pronto estará rodeada de esa realidad cuando regrese a casa después de colaborar en ese hermano país.

La alegría también la mantiene Yamila, convertida ahora en profesora de la Universidad de La Habana y aunque la responsabilidad de formar a los juristas la absorbe y ocupa es feliz al subir todos los días la escalinata que hace 8 años pisó por primera vez llena de sueños y expectativas junto a miles de estudiantes.

Confieso que puedo hablar de tantos jóvenes realizados y cultos solo de aquí de Madruga a los que conozco como Yudith que desde Flor de Itavo, la comunidad rural donde nació fue a Nueva York como curadora de una exposición de arte y ahora se prepara para otro viaje internacional.

Ellos aprovecharon las oportunidades que aquí en Cuba tienen todos a educarse, superarse y ver hecho realidades sus sueños, no renunciaron al suelo que los vio nacer para vivir mejor, hoy viven mejor gracias a las ventajas de un proyecto humanista y exclusivo como el nuestro, a su esfuerzo a la entrega al estudio y siguen en Cuba rodeado de palmas, disfrutando de la imagen hermosa de ver cada mañana ondear en el asta la bandera de la estrella solitaria o de emocionarse al escuchar las notas del Himno Nacional.

No es casual que hable de jóvenes en particular, el 4 de abril lo amerita, ellos celebran por estos días en todo el país las razones que convidan a defender lo que tenemos y a seguir construyendo una patria justa y soberana.

Me niego a aceptar que la felicidad y el vivir mejor estén asociados a la acumulación de objetos materiales aunque respeto criterios diferentes, pero apuesto convencida por la dicha de la dignidad, el conocimiento, la paz y la libertad. Me siento como millones privilegiada por nacer en esta isla y aquí estamos luchando día a día para honrar ese privilegio.

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Categoría: Tengo la palabra
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