Los días pasan pero el hecho aún duele entre los cubanos. La impotencia estremece y los sentimientos están a flor de piel.
Más de un centenar de muertes, en el accidente aéreo del viernes último, es mucho para un pueblo que apuesta por la vida y la paz.
En las últimas jornadas la esencia de ser cubanos se mostró a plenitud, quienes estaban cerca acudieron sin pensarlo a prestar auxilio. “Corran que por aquí hay vida”, gritaba una mujer a los combatientes del Ministerio del Interior y a los médicos que con igual prontitud llegaban al lugar. Mientras los hospitales aseguraban “Estamos listos para atender a los sobrevivientes”.
Fue el Calixto García el designado y desde allí la ética y consagración del colectivo: “Haremos lo posible por preservarles la vida. Aquí estaremos el tiempo que sea necesario”.
Brazos extendidos para donar sangre, frases de condolencia y solidaridad se hacen cotidianas desde entonces. Ese es el pueblo de Cuba, sensible, organizado y preparado para actuar, el que comparte lo que tiene y al que ningún dolor le es ajeno, el que se ofrece y da esperanza.
Detrás de esa virtud para decir presente en todo momento está la obra de la Revolución, los valores que siembra en el pueblo, la conciencia que forma y los principios que defiende a toda costa.
Vivimos jornadas tristes junto a los familiares de las víctimas, es cierto, pero en medio de la tragedia al ver tantas muestras de entrega y humanismo de sensibilidad y profesionalismo, de amor y respeto, se siente en lo más profundo del alma, orgullo de ser cubanos.



