Pasados unos minutos de la primera hora del 25 de noviembre de 1956, bajo la lluvia fría, el yate Granma, comenzó a navegar por las aguas del río Tuxpan; debía burlar la vigilancia del faro y un puesto naval de la marina mexicana existente en la salida al mar abierto.

Desde allí, comenzaron los vientos fuertes y el batir de las olas, originando bandazos en la embarcación que provocaron mareos y vómitos en muchos de los expedicionarios.

Alejados de la costa mexicana y burlando la guardia fronteriza, encendieron las luces y cantaron el Himno Nacional y la Marcha del 26 de Julio, concluyeron pronunciando consignas revolucionarias.

Fidel Castro, quién iba al mando, ordenó armar a varios compañeros, por si los guardafronteras mexicanos trataban de detenerlos. Entre el 25 y el 27 de noviembre los expedicionarios navegaron por el Golfo de México.

En la madrugada del 28 se adentraban en el Mar Caribe y el 29 por la madrugada se ordenó prepararse para el combate, pues se acercaban dos naves sospechosas; sin embargo, eran dos pesqueros que pasaron de largo.

Durante el 30 de noviembre, el yate mantuvo el rumbo hacia la Isla; ese día la radio del Granma captó las noticias en las que se hablaba del levantamiento en Santiago de Cuba.

Había fallado una de las premisas fundamentales del plan táctico que era la concentración del alzamiento en Santiago de Cuba con el desembarco para distraer las fuerzas. Batista tenía información de la salida del yate y su propósito. Los mandos militares del gobierno, habían circulado la descripción del barco, con instrucciones para su captura.

No obstante, en la noche del día primero ya el Granma se acercaba a la zona escogida de antemano para el desembarco. Pasada la media noche y cuando el piloto de la nave de apellido Roque miraba el horizonte, una fuerte ola sacudió la embarcación y el vigía fue lanzado al mar.

Fidel ordenó detener la marcha para rescatarlo. El mal tiempo y la noche cerrada impedían encontrar a Roque. Estuvieron cerca de una hora escudriñando el encrespado mar con las linternas, pero nada. Muchos ya lo creían ahogado y pensaban que nada quedaba por hacer; sin embargo. Fidel ordenó continuar la búsqueda.

Un nuevo y más abierto giro permitió escuchar una voz casi apagada, pero suficiente para guiar a la nave hasta el extenuado expedicionario. Con una soga y con bastante esfuerzo, lograron rescatarlo.

Una hora más tarde divisaron las luces del faro de Cabo Cruz. Enfilaron por el canal de Niquero hasta llegar a las boyas, que, por cierto, no coincidían con los datos de la carta náutica. Les surgió la duda de dónde se encontraban, disminuyeron la velocidad y cambiaron el rumbo.

Fidel Castro decidió dirigirse a la costa para desembarcar, y en la tarde del primero de diciembre informó a todos que lo harían de un momento a otro en un punto cercano de Niquero, al Sur de Oriente.

En una punta de mangle nombrada Los Cayuelos, a dos kilómetros de la playa Las Coloradas, el Granma encalló, lo cual obligó a adelantar el desembarco. Eran las 06:50 horas del 2 de diciembre de mil 956. La llegada estuvo llena de dificultades al paso de marabú, pantanos que dejaban el fango por el cuello durante más de un kilómetro.

Esta fue la trayectoria de aquella gesta victoriosa que dio origen al Ejército Rebelde, que en poco más de dos años entregó la libertad verdadera al pueblo cubano, con el triunfo de la Revolución, en enero de 1959.

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