Con las mujeres siempre hay que contar. Ellas hacen gala de sus dotes  imprimiéndoles una dosis de amor, ternura, entrega y sacrificio al ajetreo diario en casa, en el centro de labor en el barrio y en cada espacio.

La sociedad actual a diferencia de otras épocas las tiene presentes, porque trabajan en industrias, centros de investigación,  en la construcción de viviendas, conduciendo una maquinaria, labrando la tierra, como actrices en roles, que antes solo eran para hombres, y en múltiples quehaceres que asumen como madres, hijas, esposas y amas de casa.

Y es que como reinas se imponen ante los retos de la vida y del medio circundante dando fe de que el mal llamado sexo débil,  es impulsor de los planes que resaltan la valía de la Revolución Cubana, su carácter humanista, solidario, el altruismo y otros valores.

La impronta de Fidel vive en las mayabequenses, en su quehacer creador en el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (CENSA),  el Instituto de Ciencia Animal (ICA), en el antiguo central azucarero  Amistad con los Pueblos, la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Cubano Búlgara y otras industrias que durante años recorrió.

Las féminas descubren leyendas, con una sensibilidad especial, son protagonistas de disímiles historias que marcan las tradiciones de este país y tienen el mérito de contribuir al progreso de la nación porque están comprometidas con su pueblo, ese que las ha visto engrandecerse en lo personal y en lo profesional.

Con las mujeres siempre hay que contar porque como expresó Fidel: “… no ha habido tarea económica, social y política, no ha habido logro científico, cultural y deportivo, no ha habido aporte a la defensa de nuestro pueblo y de la soberanía de nuestra Patria, que no haya contado con la presencia invariablemente entusiasta y patriótica de la mujer cubana”.

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