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El hábito de fumar constituye un problema global, que se expande cada vez más a pesar de la labor preventiva que hoy desarrollan los medios de comunicación y el sistema educacional. 

Según estadísticas del Ministerio de Salud Pública de Cuba, alrededor del 24 por ciento de la población del país es adicta al tabaco, situación que coloca al archipiélago por encima de los índices de consumo de esta droga en muchas naciones de Latinoamérica y hasta del mundo.

En los últimos tiempos, en Mayabeque, existe una tendencia al incremento de esa adicción en los adolescentes y jóvenes, quienes motivados por el grupo de amigos o como resultado del entorno familiar, se inician en el mal hábito y terminan practicándolo de por vida.

También sucede que no son pocos los profesores que fuman dentro de las aulas, a pesar de que existen regulaciones del Ministerio de Educación y áreas para estos fines.

La aplicación y cumplimiento de estas leyes son insuficientes por la falta de exigencia y control que persiste en los centros por parte de trabajadores y directivos, pues se viola impunemente lo legislado.

Imitando a quienes más cerca están, los estudiantes en los propios centros escolares se exhiben, cigarro en mano y exhalando el humo que tanto molesta a quienes les rodean.

Existen otros escenarios como los centros de salud donde los jóvenes también fuman a pesar de transitar entre pasillos y consultas, que en todas sus paredes exhiben el símbolo que representa la prohibición de esta práctica en esos espacios.

¿Quién toma las riendas del asunto? ¿No existe alguien capaz de alertar a esos menores, con ejemplos cercanos al entorno familiar, de las consecuencias de esta adicción?

Corresponde a toda la sociedad, en primer orden, a la familia y a la escuela orientarlos acerca de los daños a su salud y a la de quienes se convierten en fumadores pasivos.

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Categoría: Tengo la palabra
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