Tengo la palabra

El desembarco del yate Granma, el 2 de diciembre de 1956, sentó las bases para el reinicio de las luchas revolucionarias por forjar una sociedad que realmente trajera los beneficios sociales para un pueblo, sometido por décadas a gobiernos corruptos y desleales a los intereses nacionales.

La Organización de Naciones Unidas, (ONU), rindió homenaje al líder de la Revolución cubana estaba entre los titulares que circulaban por la red de redes. Al leer esta noticia saltaron a mi memoria las innumerables ocasiones en que Fidel Castro acudió al plenario de la asamblea para exigir el cese del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos a Cuba.

No se puede poner Reguetón, escuché decir a un directivo en una actividad para jóvenes, con motivo del día del estudiante. Aquello resultó un baño de agua fría para los cientos de muchachos que estaban agrupados en el festejo.

En solo unos días vuelve a ser noticia, la rendición de cuenta del delegado ante sus electores, una vez más quienes asumen la importante personalidad popular exponen ante los que depositaron confianza en él para representar sus intereses en la Asamblea Municipal del Poder Popular, su gestión en los últimos seis meses.

Millones de cubanos y ciudadanos de otras naciones son víctimas de la aplicación extraterritorial del mayor sistema de medidas coercitivas financieras impuestas por el gobierno de los Estados Unidos de América.

Pudiera ser coincidencia, pero por estos días encuentro casi a diario, personas con pulóveres, pantalones, pañuelos, gorras y prendas donde predominan banderas de otras naciones, con mayor presencia la de los Estados Unidos de América.