La labor de los economistas debe ser reconocida en todos sus ámbitos. Su profesión ayuda muchas veces a destrabar y solucionar problemáticas de carácter financiero o de otra índole.
En Quivicán el nombre de Arturo Tuero es símbolo de Banco de Créditos y Servicios. Según la voz de los pobladores en esa localidad hay dos de esas entidades, el Popular de Ahorro y el de Arturo.
Esto muestra un reconocimiento social para nada fortuito, sino producto de la consagración, sentido de pertenencia y laboriosidad impresas en alguien que a pesar de los años no deja de ser perceptible en su labor.
En el tiempo de trabajo acumulado, dentro del sistema financiero cubano, transitó por varias unidades: el Banco Garrigo de Bejucal, durante la época capitalista, los gremios de San Antonio de los Baños, Batabanó, Güira de Melena y La Salud, hasta que en 1978 lo designaron para dirigir la agencia 181 de Quivicán.
Este personaje guarda con celo sus múltiples reconocimientos, pero no es la larguísima lista de lauros la que lo hace especial sino su amor por el trabajo, ese que no se premia con nada en el mundo. Su experiencia en el sector lleva a su colectivo de trabajo a la obtención de disímiles logros. Cual pastor a sus ovejas dirige a sus subordinados.
Siempre con una palabra de liento y el carácter afable la figura de Arturo Tuero se sitúa como árbol firme que cobija y da frutos a las nuevas generaciones de bancarios esos que lo creen inmortal porque así merece serlo. (IVP)


