26 de julio de 1953: Fidel, Abel, Boris, Raúl Castro y Raúl el poeta. Tantos nombres imposibles de resumir. Era la mañana de la Santa Ana, pero el amanecer no había llegado todavía, porque aún la madrugada repartía su silencio por la granjita Siboney, pero en Santiago, en la ciudad heroica, había celebración de carnavales.
Era el día, en Bayamo varios jóvenes valientes asaltarían el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, para apoyar la acción de Santiago y evitar el envío de refuerzos por parte de la tiranía al Moncada.
Un grupo de 135 estaban con Fidel, escucharon los versos de Raúl Gómez García, y el grito definitivo: ¡Ya estamos en Combate! El punto principal era el cuartel, y la acción sería apoyada con la toma del Hospital Civil Saturnino Lora y el Palacio de Justicia.
Llegó el grupo mayor a la Posta 3, y la desarmó, pero de inmediato se desataron los disparos: el factor sorpresa había desaparecido. Se vieron entonces los revolucionarios frente a un grupo muy superior a ellos de soldados y armas, el enfrentamiento se hacía cada vez más difícil y las bajas aumentaban en número.
Había sangre en las aceras y hoyos en los muros a causa de las balas. A tal punto, Fidel ordenó la retirada. Fueron grandes las pérdidas del Movimiento entre muertos, heridos y prisioneros, y como parte de estos últimos: Abel Santamaría, segundo Jefe de la Acción, desde el Hospital Civil Saturnino Lora.
En el Moncada se puso fin al silencio, la abstinencia, la impunidad, y fue visto desde entonces, como el "fracaso militar" que anunció a Cuba entera que el fin de la injusticia era cercano, que había sangre joven derramada por la libertad y no en vano. Cuba vibró por esos días, se lloró a los muertos pero se engrandecieron los vivos.
A Abel Santamaría le torturaron hasta la muerte, y sus ojos fueron llevados a su hermana Haydeé como muestra de lo que un héroe había sufrido antes de morir.
Fidel fue condenado, y se defendió trascendentalmente con su alegato: La Historia me Absolverá. Pero poco más de cinco años después, se hizo la gloria esperada. Llegó un enero de luz que hizo valer la sangre que de tantos corrió, fuimos libres.
La Revolución se hizo invencible desde el inicio, y nos construyó un país con todos y para el bien de todos. Han pasado 66 años desde que Santiago sintió disparos en el Moncada, y no se olvida que fue allí donde Fidel empezó la obra que nunca terminará: la Revolución. (BSH)


