Discursos de Fidel Castro Ruz

Distinguidos representativos del Conjunto de Instituciones Cívicas:

Pocas veces, en los dos meses y medio largos que llevamos en estas faenas de dirigirle la palabra al público, me he podido encontrar con una tarea más difícil que la de esta noche, precisamente, por la complejidad del auditorio.

Pero primeramente quiero decir que para mí fue una grata invitación, la invitación a hablarles a las Instituciones Cívicas.

Cuando me visitó, o nos encontramos —cosa que ocurre con bastante frecuencia— el Presidente del Conjunto de Instituciones Cívicas y yo, me explicó el deseo de esta reunión, y el interés de esta reunión, según sus palabras —que él ha expresado aquí también esta noche—, para evitar desorientaciones y confusiones en la masa que integran las Instituciones Cívicas.

Honorable ciudadano Presidente de la república;
Pueblo de Las Villas:

Esta es ya una verdadera dificultad de los mítines públicos, que cuesta mucho trabajo hacerse oír, por dos razones: porque parece que estábamos acostumbrados a los actos de antes, que venían muy pocas personas, y ahora son tantas que no alcanzan por lo general los altoparlantes con que organizar las concentraciones multitudinarias que se están llevando a cabo después del triunfo de la Revolución; y además, nuestros organizadores de actos no tienen experiencia ninguna, siempre hacen lo mismo y ponen la tribuna en el medio, y entonces uno tiene que darle la espalda a unos mientras les habla a los otros. Hoy el discurso no lo voy a decir yo, el mejor discurso de esta concentración lo han dicho ustedes.

Ciudadano Presidente de la República;
Familiares de los mártires de la Revolución;
Compañeros revolucionarios;
Señoras y señores:

Quedan pocos aquí, ¡pero buenos! (APLAUSOS.) Así nos pasara cuando "la cosa se ponga dura". Los que tengan frío, los que les entre el frío, ¡se marcharán! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), ¡y quedarán nada más que los buenos! (APLAUSOS.) Los que estén por "embullo", ¡se marcharán, y quedarán nada más que los buenos! (APLAUSOS.) Los tibios, los que les gusta que otros lo hagan por ellos, los que les gusta ir a la retaguardia, ¡esos se marcharan también! ¡Quedarán solo los buenos!

Compañeros:

Casualmente hubo aquí un orador que dijo que él no era yo (RISAS), casi hasta dio a entender que yo hablaba mucho (RISAS). Yo creo que al compañero Camilo Cienfuegos le pasó como a Sansón, desde que se peleó ha perdido un poco de fuerza (RISAS), y el sombrero... Ya no lo veo ni peludo, ni con sombrero. Además, no le pidió permiso a nadie para pelarse (RISAS). Ahora, eso sí, le queda mucha vergüenza, porque miren qué colorado se puso (RISAS).

(DEL PUBLICO PREGUNTAN: "¿Y el Che?")

El Che se está restableciendo de la salud, compañeros.

Orientales:

Había estado ya varias veces en Santiago de Cuba después del primero de enero. Los santiagueros me preguntaban cómo era que yo pasaba por Santiago de Cuba y no les avisaba, por qué no me detenía en Santiago de Cuba a hacerles la visita, y yo les respondía siempre: estoy trabajando.

(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).

El pueblo no es el que está hablando; los que están hablando son los que están en la tribuna (APLAUSOS). Siempre pasa lo mismo con los "privilegiados": se portan distinto del pueblo (APLAUSOS).

Compañeros telefónicos:

Ya sabemos que estos tiempos son difíciles... (EXCLAMACIONES DE: ("¡No se oye!") Sí, ustedes me van a oír si guardan silencio.

Estos tiempos ya se sabe que son difíciles para todos —no voy a decir los oradores, porque yo no soy orador—, para todos los que tenemos que tratar con el público, porque, entre otras cosas, a veces uno no ve al público: cuando no son las cámaras, son las luces. Pero yo no me siento molesto, yo comprendo que es una necesidad prestar ese servicio para las demás personas que no asisten a este salón; pero, además, porque antes lo llevaban a uno, en otros tiempos —yo no vivía en aquellos tiempos, pues me refiero al siglo pasado— los hombres públicos le hablaban a un grupo determinado de personas, y les hablaban a las personas que estaban presentes.