Un hombre excepcional se convirtió en grande para Cuba, América Latina,  y el resto del mundo. Mi orgullo por él, es el de todos los que amamos y nos formamos en esta Revolución.

Fidel es amor y emancipación. Su impronta está presente en este país que agradece haberlo tenido entre los suyos y recibir su luz para seguir adelante.

El líder histórico de la Revolución Cubana marcó el camino de la lucha movido por sus convicciones y ansias libertarias. Por su accionar se convirtió en ejemplo inspirador para las nuevas generaciones.

La vigencia de  su pensamiento aún vive en el recuerdo de su pueblo. La obra emancipadora de la Revolución perdura en los jóvenes porque Fidel  irradia  la luz de un gigante, ese que nos enseñó a defender los sueños de justicia para Cuba y para el mundo.

Porque así concibió la existencia humana, llena de virtudes y cualidades que convocan a los pueblos a la unidad, e inspiran valor para enfrentar al enemigo.

Mi Comandante es Revolución, su energía y talento excepcional marchan junto a cada hombre o mujer que desde lo más íntimo dice Yo soy Fidel.

En los jóvenes sembró esa semilla de amor que engendra la maravilla en un país que ha sabido levantarse ante cada adversidad.

Para mi Fidel se puede describir como el hombre fiel a sus principios, intrépido, siempre dispuesto, excepcional y líder inigualable. Cada letra de su nombre devela un rasgo de su identidad.

A los que nacimos y crecimos bajo la guía del eterno Comandante en Jefe nos quedan sus enseñanzas, su espíritu justiciero y sus convicciones.

Seguir y defender su legado y engendrar esos valores en las nuevas generaciones es la misión que nos corresponde para decir con orgullo: YO SOY FIDEL.

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