Cuando el  sábado 21 de julio, los  diputados a  la Asamblea Nacional del Poder Popular respaldaban  los fundamentos del Proyecto de Constitución  de la República de Cuba, el cual se presentaba  y debatía en el primer  período ordinario de  sesiones de la novena legislatura  en el Palacio de las Convenciones , no solo fue la voz Miguel Barnet Lanza, presidente de  la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, quien se refiriera a la presencia física de Fidel en el plenario.

El líder, el Comandante en Jefe, y ejemplo vivo de lo que tiene que ser un hijo de la patria, de lucidez y humanismo, acompañó a cada delegado  en las jornadas de debate, pues en Fidel habitaba un visionario  en todos los sentidos, adelantado a su tiempo, consciente  y orgánico con lo planteado en el concepto de Revolución.

La  fidelidad de Fidel, la coherencia de su pensamiento con el programa del Moncada está en la peculiaridad de la nueva reforma  constitucional de añadirle  el  componente   de justicia social, de respeto e igualdad   de derechos y oportunidades de las mujeres, entre otros.

Está en la convicción de la diputada Mariela Castro Espín, cuando declaró estar convencida  de que si el invicto comandante hubiera podido participar  de este especial  e importante momento  estaría trabajando  en los  acuerdos  referidos  al su carácter inclusivo.

El legado de Fidel está en el presente de la Revolución misma, en su carácter democrático y en su propósito de no mentir jamás  y de eso se trata  todo el proceso de discusión, análisis y aprobación por parte del pueblo  de la que es sin lugar a dudas  la constitución del futuro, una ley de leyes  para este y los tiempos venideros.

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