De su rostro emergieron una, otra, varias lágrimas, su cara se enrojeció una vez más. Así le ocurre siempre cuando hablamos de Fidel, líder histórico de la Revolución.
Hablo de Bárbara Fort González, trabajadora de la Unidad de Prevención y Extinción contra Incendios en Quivicán. Es una de las muchas cubanas que ama a este hombre, que mantiene vivo en su memoria.
Entonces Barbarita me recuerda algunas de las tantas frases que nos dejó Fidel, esas que se convirtieron en guías para seguir caminos, para lograr resultados, liberar obstáculos y percibir la luz, valorar lo que se tiene porque es tesoro la patria.
Ella creció queriendo a Fidel. Cuenta cómo iba a las concentraciones en la Plaza de Revolución desde que era una niña. Los hombros de su papá Enrique Fort, Combatiente del Ejército Rebelde, le servían de sostén para tratar de ver a lo lejos al revolucionario de acción en aquellos emotivos discursos que movían multitudes.
“Fidel ocupa un lugar sagrado en mi vida”, confiesa Barbarita. Hace unos días soñé con él, me preguntó ¿Tú no querías verme? Un sueño tan real que me levanté sobresaltada, para mí siempre estará vivo.
Aún conserva recortes de periódicos que hablan del líder, algo pudo salvar de su vieja computadora donde atesoraba discursos, frases, canciones, reportajes….tantas cosas.
Por esa y otras razones conductoras del triunfo revolucionario Bárbara Fort aún lo llora y a la vez lo siente presente. ¡Cómo olvidar a quien todo lo dio para que la felicidad fuera protagonista por siempre!


