Fidel, la huella eterna

En la dignificación de la mujer, en la igualdad de las razas y los credos está Fidel. Su presencia permanece también en el espíritu de los que alzan las banderas de la justicia, la paz y la hermandad, en los que no claudican en la bastedad creativa de estos años de perseverante esfuerzo por hace un país con todos y para el bien de todos.

Pronunciar su nombre provoca una indescriptible admiración y un mar de incontenible emoción en la garganta, pero también es una convocatoria al compromiso irrenunciable de no abandonar las batallas más fuertes luchar con optimismo y fe en la victoria como siempre nos ha enseñado Fidel. Ese es el mejor homenaje de cada cubano en este agosto en que el ángel de Cuba cumple 90 años.

La finca Santa Elena en Nueva Paz huele a una historia ligada a Fidel que se remonta a los inicios de los años 50. Era domingo, junio de 1953 vivía su día 21, las prácticas se extendieron hasta el 19 de julio, siete días antes de los asaltos a los cuartales Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

“La ciencia y las producciones de la ciencia deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional, tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia”, concluyó Fidel Castro. La ciencia vive con él y está entre sus múltiples pasiones. Potenciar el progreso animal fue una idea que le obsesionó desde la alborada de enero.

Nunca su Parque Central concentró tanta emoción, el motivo lo exigía, Fidel vino a coronar una proeza, que orgullo para Güines, quedaría inscripto en la historia de las zafras azucareras cubanas.