Aunque las jornadas de debate popular sobre el Proyecto de Constitución apenas comienzan, los debates iniciales en torno a la sociedad que queremos y nos merecemos construir no han estado exentos de pasión y compromiso.
El pasado 13 de agosto, dÃa de especial significación para todos los cubanos, comenzó en el Complejo histórico de Birán, hogar natal de Fidel Castro, lÃder histórico de la Revolución la primera de las más de 135 mil asambleas a efectuar en todo el paÃs para discutir y presentar propuestas al texto que pretende sustituir la actual Carta Magna, vigente desde 1976.
En un ejercicio polÃtico y democrático poco apreciado en otras partes del mundo, catalogado por muchos como uno de los principales procesos de participación ciudadana realizados después de 1959, el pueblo, verdadero soberano de este paÃs según el ArtÃculo 3 de la Constitución vigente y refrendado en el ArtÃculo 10 del Proyecto a debate, ha acudido a ejercer su derecho y deber de expresar su criterio para llevar a buen fin este proceso de Reforma Constitucional.
Se han realizado asambleas ya en casi la totalidad del paÃs en un proceso que avanzará de manera sistemática hasta el 15 de noviembre, fecha en la que la comisión encargada de la Reforma Constitucional recibirá cada una de las propuestas recibidas.
Según refieren disÃmiles medios nacionales, la variedad de criterios sobre lo contemplado en la propuesta constitucional corresponde a las realidades que viven hoy diferentes sectores sociales.
Entre las aristas más debatidas sobresalen el papel de la empresa estatal frente a las nuevas formas de propiedad, el reconocimiento de la propiedad privada y el derecho de los ciudadanos cubanos a invertir en la nación, los cambios que traerÃa consigo una nueva estructuración del Estado, el matrimonio entre personas, la ciudadanÃa efectiva, la posibilidad de no limitar la edad para asumir la presidencia del paÃs, entre otras.
Sin embargo, casi la totalidad de los consultados no solo aprueban la intención de actualizar y perfeccionar el documento por el que se rige la vida económica polÃtica y social del paÃs, sino que exigen la permanencia de los artÃculos que han definido el carácter ético del proceso revolucionario y han blindado la unidad de todos los cubanos desde la forja de la nacionalidad cubana. Cuestiones como el papel rector del Partido Comunista, la irrevocabilidad del socialismo y nuestro eterno derecho a la soberanÃa y el bienestar cuentan con abrumadora aceptación.
En una demostración de cultura cÃvica y polÃtica, el pueblo aprende, asiste y participa. El carácter deliberativo del proceso lo pondrá de seguro en mejores condiciones para madurar nuestra cultura jurÃdica tan necesaria en este y los momentos por llegar para hacer valer sus derechos y también para conocer su responsabilidad como actor social clave para la construcción de una Cuba próspera y sostenible, democrática y humanista.






